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Netflix no se ha cansado de sacar dramas adolescentes, sin embargo, Ginny & Georgia era la nueva propuesta de la plataforma, que tendría el drama, pero en lugar de la clásica fórmula de buscar al asesino, toca problemas un tanto diferentes, centrándose en la relación madre e hija. Ginny (Antonia Gentry) es una adolescente, que no ha tenido una vida normal por culpa de Georgia (Brianne Howey), su madre, quien se la pasa mudando a la familia de un estado a otro. Su situación es un tanto precaria, ya que, al ser madre soltera sin muchos estudios, ha tenido que atravesar numerosos obstáculos que la han involucrado con grupos no muy amables. Sin embargo, posterior a enviudar y con ello heredar una pequeña cantidad de dinero, Georgia decide establecer a su familia en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra.

En apariencia, esto sería la solución a sus problemas; vivirían en los suburbios, ella logrando entrar en el circulo del alcalde, Ginny volviéndose popular y entablando por fin relaciones de amistad; Austin (Disel La Torroca), su medio hermano, adaptándose a convivir con otros niños. Pero, el pasado no es algo que se pueda olvidar, muchas veces te persigue si dejas asuntos inconclusos, y este es el caso de la serie. Los traumas de los personajes los acosan constantemente e incluso el amor de una madre no es suficiente para proteger de todos los males que pueden traer.

Con una lección así terminó la primera temporada, Ginny descubriendo un lado de su madre que francamente la asustó y, Georgia descubriendo que guardar secretos a los que más quieres puede trastocar muchos ámbitos e incluso dañar a lo que más proteges. El final fue extremadamente dramático, con algunas cosas rescatables relacionadas con un asesinato, pero dejando de lado eso, fue muy sobreactuado, con adolescentes que claramente necesitan un terapeuta porque no es posible que gente de su edad se comporte de esa manera.

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Tristemente, la segunda temporada empieza de una manera similar, es decir, se entiende el trauma por el que está pasando Ginny, pero no termina de convencer que su actitud se algo natural. Por su parte, Georgia se comporta aún peor que en la primera temporada, siendo muy inmadura y exagerando todo. Pero quien se lleva el premio al personaje más odioso es Maxine (Sara Waisglass), la ex mejor amiga de Ginny, que posterior a descubrir que salía con su hermano, pareciera que en lugar de descubrir eso, le dijeron que Ginny patea gatitos por diversión, porque puso a todos en su contra y actuaba de una manera, que francamente no se sabe incluso como la propia actriz soportó interpretar ese papel.

Afortunadamente esta situación da un cambio radical y todo inicia cuando Ginny empieza a ir a terapia, y redescubre su interacción con sus compañeros y familia, logrando encarar los problemas de una manera sana. El tema de Maxine se resuelve un poco rápido, pero se deja pasar porque se agradece que le bajaran a la intensidad del personaje, ahora es tolerable y posiblemente se convierta en un verdadero apoyo para Ginny.

La terapia será una parte fundamental de esta temporada, porque se ve un progreso realista a un problema grave como lo es la autolesión. Netflix suele equivocarse al mostrar a personajes atravesando por un trauma, tal es el caso de 13 Reasons Why, pero aquí es perfecto, ya que los problemas son importantes, pero por fin muestran que las cosas se pueden controlar e incluso solucionar. Georgia, aunque solo asiste a una sesión de terapia, de una forma muy tóxica, pero al final de cuentas termina ayudando a la evolución del personaje y a resarcir el daño al vínculo entre madre e hija estableciendo que no habrá secretos.

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Por ese lado, se tuvo un gran avance en la trama y construcción de personajes, sin embargo, hay problemas que la serie sigue acarreando. El mayor de ellos es que no saben cómo tratar el tema de la racialidad. Ginny pertenece un poco al grupo afroamericano por parte de su familia paterna; esto se trato levemente durante la primera temporada con el caso del maestro de literatura, pero no terminaba de encajar. Ahora que Maxine estuvo fuera del foco por unos capítulos, se intentó ampliar el círculo de Ginny con amigas afroamericanas. La cosa iba bien, de hecho ese grupo era más aceptable que el anterior, pero es un drama adolescente y Ginny necesita algo de toxicidad, por lo que regresa al grupo anterior, dejando la oportunidad de profundizar en el tema que intentan a través de diálogos convencer al espectador de que es importante, aunque con acciones jamás lo demuestren.

Sin duda, esta entrega es superior a la primera, todos los personajes están mejor construidos, se nota que los productores escucharon las críticas del público y el resultado fue una serie entretenida, que aporta un poco de valores al público, y que tiene potencial para una última tercer temporada, porque de ser alargada, no solo corre el riesgo de cancelada, también puede arruinar de las pocas cosas decentes para adolescentes que tiene Netflix.

https://www.youtube.com/watch?v=gS5qybKcg5I

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