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Un relato del amor entre padre e hijo en un contexto extremo: la Primera Guerra Mundial y el reclutamiento forzado en las colonias africanas.

Hay temas que son una constante en el cine y el referente a la relación entre padre e hijo es uno de esos que más adeptos tiene. No es para menos, ¿Quién no disfruta de ver ese vínculo en historias que llevan a reflexionar sobre la propia relación con aquel hombre que nos ha criado?

De esto hay varios ejemplos que llegan, como puede ser el caso de En el Nombre del Padre, En Busca de la felicidad Kramer vs Kramer, todas las anteriores referentes que se han convertido en clásicos que siguen moviendo los hilos emocionales.

Sin embargo, si a esta base la sumas un contexto tan terrible como lo es la situación de los habitantes de las entonces colonias fracesas en África durante la Primera Guerra Mundial, obtienes una propuesta que se antoja diferente y con potencial para conmover, tal y como sucede con Héroe de Sangre, la nueva película protagonizada por Omar Sy (Intouchables, 2011), dirigida por Mathieu Vadepied, quien fue director de fotografía de Intouchables y que representa su segundo trabajo como realizador de largometraje.

1917, en la colonia francesa de Senegal. Bakary se alista en el ejército francés para quedarse con Thierno, su hijo de 17 años, reclutado contra su voluntad. Juntos, padre e hijo deben luchar la Primera Guerra Mundial en el frente en Francia, un país que no conocen y por el que Thierno está dispuesto a dar su vida. Bakary se embarca en una carrera intensa e infernal para salvar a su hijo.

Lo primero que habría que destacar es el esfuerzo que se ha hecho para ambientar esta historia. Sin demasiada opulencia, la cinta realmente transporta tanto a la aldea senegalesa como al campo de batalla, construyendo un retrato convincente de esta época.

También sorprende por su correcto manejo de la cámara para rodar secuencias bélicas que ofrecen momentos de tensión y emoción, logrando que el espectador pueda conectar con este batallón de personas que se han convertido en soldados a la fuerza.

El ritmo es ágil en general, dandole foco al padre e hijo protagonistas, con diálogos que van iluminando la situación racial que se vivía en ese momento. Además, resulta interesante ver dos posturas ante una misma circunstancia: Bakary, el padre, quien solo quiere que irse a casa sin que la guerra la importe realmente y que representa a aquellas víctimas colaterales de conflictos que no le pertenecen; Thierno, el hijo, que ve en el conflicto una oportunidad para sobrevivir y lograr subir en el escalafón social, con la intención de quizá obtener la nacionalidad del país que ha sometido a su pueblo y con ello, garantizar que su familia mejore su situación.

Las actuaciones de Omar Sy y Alassane Diong son lo que sostiene la película, creando un vínculo que se siente real, complemento uno del otro, dejando interpretaciones disfrutables.

Pese a esto, el filme termina por sentirse como un intento bien intencionado pero tibio de este pedazo de la historia francesa poco explorado y aún menos difundido para la mayor parte de la gente.

Si bien se plasma con solidez lo que abarca, no se atreve a denunciar esos abusos, ese racismo que perfectamente le sumaría puntos en el homenaje a la vez que recordatorio de esos hombres que fueron obligados a luchar por una patria que nunca los aceptó.

La decisión de que los diálogos sean tanto en diversos dialectos como en francés puede ser tanto positivo por justamente ser fiel con esas víctimas sin voz como por quitarle fluidez al tener que leer subtítulos constantemente.

Por último, hay un desequilibrio en el color emocional con el que se aborda la historia. En varias escenas de Omar Sy con Alassane Diong si que se transmite ese golpe dramático pero hay un aura frío, demasiado esquemático y calculado, siendo que este relato da para mayor intensidad y hasta cierto caos.

Si bien está lejos de ser perfecta, Héroe de Sangre es una interesante propuesta que siempre es bienvenida para reflexionar sobre un pasado terrible y sobre cómo el amor que puede existir entre padres e hijos es inquebrantable.

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