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El pasado jueves 11 de septiembre, el Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes se llenó de ritmos, fe y resistencia cultural con el esperado regreso de Orishas, la icónica banda cubana que desde finales de los noventa revolucionó la música latina al combinar el hip-hop y el rap con las raíces afrocaribeñas de la isla.

El público principalmente, mexicano fue testigo de un concierto en el que las percusiones, las letras cargadas de identidad y el espíritu de los Orishas, las deidades del panteón yoruba se fundieron en un espectáculo tan musical como espiritual.

Desde el inicio, la banda recordó que la diáspora africana en Cuba vive en cada golpe de tambor, en cada coro que invoca hermandad y en cada palabra que honra a los ancestros.

Ese espíritu se materializó en canciones como “Represent”, de su disco A lo cubano (1999), tema que marcó su debut internacional y que aún hoy funciona como declaración de principios: llevar la voz de la isla al mundo sin olvidar su raíz.

La comunión entre creencias, música y resistencia se sintió con fuerza en “Hay un son”, incluida en El kilo (2005), donde la fusión de son cubano con rap urbano se convirtió en una celebración compartida entre músicos y asistentes.

El concierto también fue una oportunidad para recorrer la historia de la banda a través de algunos de sus temas más emblemáticos. “Atrevido” y la infaltable “A lo cubano”, ambas de su primer álbum, mostraron cómo Orishas supo tender un puente entre las calles de La Habana y el mundo, entre el flow del hip-hop y los rezos ancestrales dirigidos a divinidades yoruba.

En “Mística”, de Antidiotico (2007), la atmósfera se tornó más introspectiva, recordando que la música de Orishas es también una forma de adoración y de diálogo con los dioses y con la historia de su pueblo.

Uno de los momentos más coreados de la noche llegó con “537.C.U.B.A”, también de A lo cubano, un himno que retrata con nostalgia y orgullo a La Habana, y que para muchos se ha convertido en la representación sonora de la identidad cubana en el extranjero.

La vibra continuó con “No hace falta na’”, de El kilo, que con su energía positiva hizo bailar a todo el pabellón, y con “¿Qué pasa?”, tema que refleja la capacidad del grupo para mezclar crítica social con ritmos pegajosos.

 

El viaje musical se extendió hasta temas más recientes como “Havana 1957”, de Cosita buena (2008), y “Cuba Isla bella”, sencillo de 2016 que marcó la reunión de la banda después de un periodo de separación. E

sta última canción fue recibida con especial entusiasmo, pues resume la propuesta de Orishas: un homenaje constante a la isla, a su cultura y a la fuerza de sus raíces africanas que se han mantenido vivas a través de la religión, la música y la fraternidad.

Un dato curioso que muchos recordaron esa noche es que Orishas debe su nombre precisamente a las deidades yorubas, y que su éxito no solo abrió camino a la música urbana latina en escenarios internacionales, sino que también colocó en el mapa global a la Regla de Osha, tradición religiosa que ha trascendido las fronteras de Cuba para convertirse en una realidad espiritual en ciudades de América y Europa.

Otro detalle destacado es que el grupo fue de los primeros en fusionar de manera tan directa los rezos y cantos rituales con el lenguaje del rap, creando un estilo único que aún hoy resulta fresco y relevante.

Así, el concierto en el Palacio de los Deportes no solo fue un repaso por la trayectoria de la banda, sino también una experiencia donde religión y música se entrelazaron, evocando las antiguas oraciones que en lenguas criollas invocan a los dioses y que en manos de Orishas se convierten en canciones de fraternidad, resistencia y orgullo cultural.

Una noche en la que el público pudo sentir cómo los latidos de los tambores yorubas siguen vivos en el rap afrocubano, recordándonos que la música es también un acto de fe y memoria colectiva.

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