Una Película de Amor y Guerra (Reseña)

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Un corrupto empresario verá su suerte por ciertos actos cometidos contra los trabajadores del campo.

Pepe Sánchez Campo es el dueño de una empresa inmobiliaria, quien a toda costa quiere adueñarse de las tierras de cultivo para crear edificios o un complejo habitacional para las personas que puedan tener acceso a los altos costos. Sin imaginar que estos acontecimientos van a traer represalias en su contra por parte de los pobladores.

Santiago Mohar Volkow, quien anteriormente presentó los largometrajes “Los muertos” y “Buen salvaje”; en esta ocasión escribe, produce y dirige “Una historia de amor y guerra”. Una farsa hacia la sociedad con un poder adquisitivo considerablemente alto; es una burla o parodia hacia Maximiliano y Carlota; así como a ciertas figuras de la historia de México; sólo que el principal problema con la ejecución es la actuación de Andrew Leland Rogers como Pepe Sánchez Campo; a quien lo quieren poner como a un Zach Galifianakis de Temu, en sus distintas películas de comedia; quiere que de alguna manera empatices con él o que se vea de manera patética y cómo todo lo pretende resolver con el dinero. Pero lo cierto es que no funciona y como casi en todas las escenas está en pantalla cae en el hartazgo.

Al contar con un notable elenco como espectador uno quisiera que cada una de las actrices y actores se lucieran al máximo, que cada uno de los personajes brillaran con luz propia, que se sintieran identificados con sus vivencias; que incluso llegaran a estrujar al público. La realidad es otra como en el caso de la actriz Mónica del Carmen quien ha mantenido una carrera muy sólida gracias a trabajos como “Año Bisiesto”, “Heroíco”, “Una de policías” entre muchas más; aquí en “Una historia de amor y guerra”, su personaje es muy olvidable para las pocas escenas en pantalla; algo similar ocurre con Florencia Ríos quien en todo el filme básicamente no habla y se limita a asentir con la cabeza, pareciera como si fuera a tramar algo junto a la protagonista Lucía Gómez-Robledo quien también se muestra muy fársica y no se sabe si ríe, si llora o si sólo está fingiendo.

Cuando se realizan filmes de comedia, por muy tontorrona que sea uno espera cierto ritmo, cierto timing o remate, pero aquí hay algo que no termina de cuajar, se busca la risa fácil aún en un momento tan trágico como lo es un suicidio. Al ser una película anacrónica uno no logra comprender al cien por ciento por qué razón unos cuantos se visten como en la época del Maximato y en el año de Juárez; mientras que las personas del campo, los ejidatarios visten normalmente.

Y no hay nada bajo el brazo o nada que no se haya contado en el pasado el pueblo es bueno, los malos son los ricos; los ricos humillan a los pobres, los pobres se defienden se vengan de los malos tratos de los ricos; con o sin consecuencias para ambos bandos. Y aquí trata de suceder algo por el estilo, al igual que los conflictos entre las castas y ver quién puede ser todavía más poderoso, de quedarse con el interés romántico de alguien sin importar los sentimientos. Como con el poder alguien puede corromper sus ideales y llegar a cometer ciertos actos contra de sus amigos.

Aunque el argumento pueda ser algo trillado, que caiga en ciertos clichés de la comedia, también hay que destacar que tiene una buena dirección de fotografía donde cada escena, cada secuencia y cada plano está bien cuidado para que se note lo que hacen los actores y las actrices principales, así como demás figurantes; en cuanto al diseño de producción, quien se encargó de los vestuarios de época cuidó hasta el más mínimo detalle para que se notara toda esa elegancia, aunque el negrito en el arroz, es la peluca que utiliza el actor Aldo Escalante, quien interpreta a “Engels” es lo único que se llega a notar falso.

 

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