El Diablo en el Camino (Reseña)

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El Diablo en el Camino es una road movie mexicana dirigida por Carlos Armella que se estrenó el 11 de diciembre en México y ya dio la vuelta por festivales como Málaga y el Festival de Cine de Horror de la Ciudad de México.

La trama sigue a Juan (Luis Alberti), un ex mercenario de la Guerra Cristera que, tras la muerte de su hijo Jesús, decide cargar el ataúd del pequeño a través de un país devastado para enterrarlo junto a su madre en el pueblo de Porvenir.

Entre los puntos positivos destaca la belleza de los paisajes de Guanajuato que aparecen como personajes mismos, los cuales brillan gracias a esos delicados planos abiertos y secuencias largas. Estas logran transmitir esa sensación de desolación y aprovecha la belleza del entorno, uno que se percibe como hipnotico.

La actuación de Alberti es imperdible. Fiel a su talento, el actor se transforma en Juan y plasma ese desgaste físico que llega con la carga del féretro: curioso como recuerda a esa vibra de los cuentos del «Llano en Llamas de Rulfo», ya que la vibra de decadencia, desesperanza pero con cierto ápice de optimismo cansado agrega capas a su personaje.

No cabe duda que esta cinta se alimenta en el camino simbólico que se ha visto en novelas del realismo mágico. La cantidad de referencias religiosas (que desembocadura en metáforas audiovisuales) eleva lo sensorial, ya que el diablo no solo es sinónimo de maldad o astucia cruel sino que representa como la culpa, la fe y la convivencia de ambos conceptos representa un peso en el camino hacía la redención.

Hay que reconocer la ambición de esta propuesta. No es fácil entrar en el terreno de las líneas temporales fragmentadas ni mucho menos cuando existe un componente de misterio, al menos en la primera parte. No obstante, las otras partes se apegan más a lo lineal, se ralentiza el ritmo y desemboca en un caminar lento y hasta tortuoso.

Una de las apuestas más fuertes del filmes sin duda su ambigüedad en el cierre. Esto cuando se hace bien genera un impacto y reflexión en el espectador pero, el apuntar alto (muy alto) en esta ocasión no termina por funcionar, dejando una sensación agridulce al finalizar el visionado.

En conclusión de «El Diablo en el Camino» es una obra que retoma la esencia del realismo mágico y del cosmos rulfiano para representar los pesares de la culpa además del camino tortuoso hacia la redención. Aunque su ritmo se cocine a fuego lento y el simbolismo ocupe espacio a la claridad, lo cierto es que es una de esas propuestas que se agradecen por su valentía al apostar por algo distinto.

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