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Estrenada el 1 de enero de 2025 en salas mexicanas, Monjas Oscuras se inscribe dentro del cine de terror surcoreano contemporáneo, un género que ha sabido combinar el horror sobrenatural con una fuerte crítica social y religiosa.

La película está dirigida por Kwon Hyeok-jae, cuenta con un elenco encabezado por Song Hye-kyo en el papel de la monja Junia y Jeon Yeo-been como la hermana Michaela, acompañadas por Lee Jin-wook y el joven actor Moon Woo-jin en el papel del niño Hee-joon.

Desde su estreno, el filme ha despertado interés tanto por su propuesta narrativa como por abordar un tema tradicionalmente reservado al cine occidental desde una mirada asiática profundamente marcada por la disciplina religiosa y la modernidad coreana.

La historia se centra en Junia y Michaela, dos monjas de temperamentos opuestos que se ven obligadas a colaborar cuando el pequeño Hee-joon comienza a mostrar signos de una aparente posesión demoníaca. Junia, movida por una fe absoluta y una compasión casi maternal, se aferra a la idea de que el niño puede y debe ser salvado a cualquier costo.

Michaela, en cambio, adopta una postura más escéptica y racional, intentando comprender el fenómeno desde la investigación y la duda. Esta dualidad no sólo enriquece el conflicto narrativo, sino que refleja una tensión constante entre creencia y razón, entre obediencia y cuestionamiento.

A medida que el caso se vuelve más grave y el sacerdote autorizado para realizar el exorcismo no puede llegar a tiempo, ambas monjas se enfrentan a una decisión límite: realizar ellas mismas el ritual, aun sabiendo que está estrictamente prohibido para quienes no cuentan con la autorización eclesiástica.

Este acto de rebeldía no es menor, pues pone en riesgo no sólo sus vidas, sino también sus almas, al desafiar directamente las leyes sagradas de la Iglesia. Paralelamente, Michaela descubre un oscuro secreto oculto dentro del convento, revelando que el verdadero horror quizá no provenga únicamente de fuerzas demoníacas, sino de la propia institución y de los silencios que ha sostenido durante años.

Uno de los aspectos más interesantes de Monjas Malditas es la forma en que aborda el fenómeno de la posesión demoníaca. Si bien suele asociarse casi exclusivamente a la tradición católica, entendida como la toma del cuerpo por un ángel caído, la película abre la puerta a una lectura más amplia.

A lo largo de la historia se sugiere que experiencias similares han sido documentadas en múltiples culturas: trances en rituales africanos, posesiones por espíritus de la naturaleza o incluso por almas de personas fallecidas.

De este modo, el filme plantea que, independientemente de la religión, la humanidad ha intentado explicar durante siglos comportamientos extremos que desafían la razón.

La cinta también resulta sugerente al presentar a sacerdotes que, además de religiosos, son médicos, integrando explicaciones psicológicas y científicas que entran en conflicto con la interpretación sobrenatural.

Trastornos de la personalidad, traumas profundos y enfermedades mentales aparecen como posibles explicaciones alternativas, dejando al espectador en una constante ambigüedad: ¿estamos ante un demonio real o frente a una manifestación extrema del sufrimiento humano?

Quizá el gesto más provocador de Monjas Oscuras sea permitir que una mujer realice un exorcismo, un acto históricamente reservado a sacerdotes varones. La película denuncia de manera implícita prácticas machistas justificadas por tradiciones religiosas que hoy resultan cada vez más cuestionables.

Al mostrar a las monjas como figuras activas y decisivas, el filme confronta la idea de la mujer como ser impuro o incapaz dentro del discurso eclesiástico, transformando el terror en una crítica social y religiosa.

En sus conclusiones, la película deja claro que, aunque el fenómeno de la posesión pueda considerarse real para muchas culturas, su origen sigue siendo un misterio. También subraya que numerosos actos que atribuimos a lo sobrenatural tienen raíces profundamente humanas: discriminación, abuso de poder, violencia y corrupción.

Finalmente, Monjas Malditas sugiere que las personas otorgamos poder a objetos, lugares y símbolos a través de nuestras creencias, cargándolos de una energía emocional que termina influyendo en nuestro entorno. Así, el verdadero horror no siempre reside en demonios o espíritus, sino en aquello que los seres humanos somos capaces de crear, justificar y ocultar en nombre de la fe.

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