28 Years Later: The Bone Temple (Reseña)
A poco menos de un año del estreno del esperado retorno de la saga de “Exterminio”, llega la segunda parte de esta nueva trilogía de la franquicia, “The Bone Temple” (“Exterminio: Templo de Huesos”).
En la predecesora de esta nueva cinta, nos enteramos que a 28 años de los sucesos de la primera película, el virus se ha esparcido por todo el Reino Unido, haciendo que el mundo lo considere como una lucha perdida y que optara por dejar a los británicos en cuarentena para evitar que se propagara por todo el mundo.

Los protagonistas de la “28 Years Later”, el joven Spike (Alfie Williams), y sus padres, Jamie (Aaron Taylor Johnson) e Isla (Jodie Comer), son miembros de una comunidad que se aísla de los infectados en un área que queda inalcanzable con los cambios de marea.
Sin embargo, todo cambia cuando Spike decide huir de su colonia junto con su madre, quién está enferma, con la esperanza de que el doctor Ian Kelson (Ralph Fiennes), que vive fuera de su área segura, pueda curarla.

A partir de su aventura, Spike descubre el peso de la inevitabilidad de la muerte y decide seguir su deseo de independencia, mismo que lo lleva al peligro con el que acaba la cinta, cuando Spike se encuentra con otro grupo de sobrevivientes, liderados por Sir Lord Jimmy Crystal (Jack O’Connell), que amenazan con herirlo.
“The Bone Temple” empieza poco tiempo después del encuentro de Spike con Jimmy y su grupo de seguidores, llamados Fingers, quienes en realidad son jóvenes que también se hacen llamar Jimmy.

Ahí, fuerzan a Spike a participar en la iniciación del grupo, que culmina en él convirtiéndose en un integrante de este culto y en dónde será forzado a participar en sus fechorías (mismas que consisten básicamente en torturar a otros sobrevivientes).
Paralelo a la aventura de Spike, el Dr Ian Kelson, sigue ocupándose del Templo de Huesos (mismo que le da nombre a esta secuela). Mientras se ocupa de sus tareas, Kelson descubre que uno de los infectados, el alpha a quién nombró Samson, regresa a él con bastante frecuencia, llevándolo a descubrir una relación entre su tranquilizante y el virus que podría cambiar todo para el universo en el que viven.
Desafortunadamente, para los avances de Kelso, y para la seguridad de Spike, estas dos historias se encuentran y ponen todas las posibilidades de un cambio en peligro. “The Bone Temple” es dirigida por la americana Nia DaCosta, quien previamente había dirigido “Candyman” (2021) y “The Marvels” (2023).
Esta secuela también está escrita por Alex Garland, guionista de toda la saga. Fue filmada tres semanas después de que la primera parte fuera terminada. Esta decisión llevó a que DaCosta pudiera trabajar con Boyle y Garland en temas que quería desarrollar en la secuela, cuidando que ésta se hiciera con su estilo y no como un intento fallido de emular la estética de Boyle.

El resultado final es una cinta que se siente como una partida muy marcada de lo que se espera que es una película de “Exterminio”. Refresca el género y nos remite a la época en la que la nación protagonista se quedó congelada, haciendo alusiones a un Reino Unido de los 90s que apenas comenzaba el nuevo milenio.
El humor, seco y británico, domina la película, haciendo que momentos violentos sean contrastados por chistes, llevando a un resultado que regresa a la esencia de las películas de zombies: la naturaleza humana. En “The Bone Temple”, la misión era explorar la naturaleza de la maldad, mientras que en la primera era la naturaleza de la familia y en la parte que sigue será la naturaleza de la redención.

Su exploración de este tema está llena de compasión, dejando ver que muchas veces la ira, y por lo pronto, la maldad, es una emoción mal explorada o una no entendida por el que la padece, por lo tanto, que es algo que puede ser tratable y ser parteaguas a un cambio.
Ésto lo abordan cuando nos introducen a el hecho de que Jimmy, es satanista por un malentendido de los sucesos del principio de la epidemia del virus de la ira y que realmente todo se reduce a un niño que malinterpretó la muerte de su padre, el líder de la iglesia, a manos del virus.
Además de que hay fuertes insinuaciones que lo que aflige a Jimmy en realidad es producto de una cadena de padecimientos mentales que podrían bien ser tratados por psicofármacos, dejando ver que Jimmy no es alguien que sea naturalmente malo, si no producto del entorno en el que se desarrolló (o bien, quedó congelado en).
De igual modo abordan este tema cuando Kelsen descubre que la ira que invade a los infectados, no es más que una infección que está acompañada por alucinaciones, mismas que pueden ser tratadas por un cocktail que va acompañado de medicina usada para tratamiento psiquiátrico.

Es una reflexión que nos invita a pensar en que aquello que consideramos malo realmente puede ser producto de algo completamente tratable, abriendo nuevamente la eterna cuestión de la naturaleza de la maldad.
Garland y DaCosta hacen una dupla increíble al cambiar el enfoque de esta respuesta completamente al elemento de salud mental, resaltando cómo dentro de los cuestionamientos y la compasión puede existir la cura para todo el enojo que nos rodea. Es una observación que no pasa de alto, dado el contexto actual del Reino Unido y del mundo, y que nos invita a pensar en cómo es que nos beneficiaríamos como humanidad al abordar temas como la salud mental de otra manera.

Ahora, si bien, es una película muy bien hecha, y que tiene grandes logros, puede que se enfrente a un rechazo de una audiencia general que esperan algo similar a la primera entrega de la saga. Sin embargo, esto no demerita sus logros, “The Bone Temple” sigue siendo una gran cinta que aborda lo que yace detrás de una emoción tan natural y humana como es la ira.
Además, de que los verdaderos fanáticos de la primera cinta recordarán que desde aquél tomo de a principio de los 2000s, se explora la violencia humana – incluso, cuando éstos no están infectados por el virus que la exacerba. En cuestiones técnicas, la cinta no es tan experimental en su formato como “28 Years Later”, pero no es algo que realmente afecte, puesto que el énfasis está en el desarrollo de los personajes.
Además, de que ayuda a marcar la diferencia que DaCosta buscaba de no ser “una copia mal hecha del estilo de Boyle”. Esto también lleva a que las actuaciones del elenco brillen aún más, sobre todo las hechas por Fiennes y O’Connell.
La templanza de Fiennes, quien busca aceptar y ayudar a los que se le acercan, versus la ira que nace del malentendido de un niño de O’Connell, hacen una dupla interesante llena de humanidad (y sorprendentemente, risas).

Asimismo, la actuación de Chi Lewis-Parry como Samson, el infectado Alpha, es sorprendentemente tierna, además de que, seguramente servirá como hilo conductor para lo que será el tema de la tercera cinta, la redención.
En resumen, “The Bone Temple” está llena de sorpresas para todos: para los fans que buscaban el retorno de personajes importantes, para los que esperaban un cambio y sobre todo, para los que disfrutan el cine de horror en todas sus iteraciones.