Sobriedad me estás matando (Reseña)
Es una comedia dramática mexicana estrenada el 29 de enero de 2026 en salas nacionales que mezcla humor ácido con una reflexión íntima sobre la adicción, la amistad y el miedo al cambio.
Dirigida por Raúl Campos y escrita por él mismo junto a Félix de Valdivia y Octavio Hinojosa, la película cuenta con un elenco encabezado por Octavio Hinojosa como Raffi, acompañado por Alfonso Borbolla (Trino), Maya Zapata (Inés), Hugo Catalán (Simón), Mónica Dionne (Emilia), Juan Carlos Vives (Rafael), Pilar Ixquic Mata (Greta) y Hugo Stiglitz (Yisus).
La trama gira en torno a Raffi, un fotógrafo que ha pasado 17 años atrapado en un ciclo de adicciones y rehabilitaciones, tan obcecado en escapar de sí mismo que termina enganchado no solamente a las drogas, sino al propio proceso de recuperación.
Su hábito de entrar y salir de clínicas y de burlarse cruelmente de otros pacientes termina por costarle incluso su permanencia allí, dejándolo sin otra opción que enfrentarse a la vida real por primera vez en mucho tiempo. Sin hogar y sin rumbo, se refugia en el departamento de Trino, su último amigo, quien, pese a conocer la lengua afilada y las tendencias tóxicas de Raffi, decide apoyarlo sin condiciones.

En un esfuerzo por motivar a Raffi a cambiar, Trino le revela que Inés, su amor platónico de la adolescencia, está recién divorciada. Aunque Raffi no puede imaginar que alguien como Inés lo tome en serio, esta revelación actúa como una chispa: la posibilidad de ser digno de su atención lo impulsa a considerar trabajar, madurar y tomar su rehabilitación con seriedad. Sin embargo, cada día se convierte en una batalla no solo contra sus adicciones, sino contra sí mismo, pues la idea de una vida “normal” le aterroriza más que cualquier otra cosa.
La película destaca por su capacidad de equilibrar el humor con la profundidad emocional. A través de escenas tan hilarantes como dolorosas, Sobriedad me estás matando explora varias ideas fundamentales sobre la vida y la transformación personal. Una de las más relevantes es que la vida es un flujo constante de cambios, muchos de los cuales no podemos prever ni controlar, y que estos cambios no se catalogan como buenos o malos por sí mismos, sino que son inherentes a la propia existencia humana.

El filme sugiere que parte del crecimiento consiste en aceptar que nuestra mente evoluciona de maneras que muchas veces no vemos, pero cuyas consecuencias son palpables en nuestros actos, relaciones y decisiones.
Además, la historia de Raffi ilustra cómo el estancamiento puede surgir no solo por eventos traumáticos no resueltos, sino por una inconclusión emocional que mantiene a una persona atrapada en patrones repetitivos. Las recaídas de Raffi no son solo una lucha física contra una sustancia, sino una lucha psicológica contra el miedo a enfrentar la vida cotidiana: tener un empleo, mantener relaciones sanas y construir una identidad fuera de un ciclo de destrucción.
La película señala que la adicción puede ser una forma de evasión, una ilusión de cierre que nunca llega, y que, en muchos casos, el verdadero desafío está en mirar directamente el dolor y decidir cambiar conscientemente.
El filme también pone en relieve cómo las adicciones afectan no solo al individuo, sino a su entorno. Aunque quienes rodean a Raffi, como Trino, expresan un afecto incondicional, el daño colateral de los comportamientos autodestructivos es evidente y provoca tensiones y desgastes emocionales. En este sentido, Sobriedad me estás matando honra a quienes permanecen a pesar de todo, actuando como un faro de apoyo para quienes luchan por romper sus ciclos negativos.
En sus conclusiones, la película nos recuerda que cambiar es una decisión, y que, si bien la rehabilitación física es esencial, el verdadero cambio comienza desde lo emocional. Reconocer la raíz de nuestro dolor, confrontar nuestros miedos y aceptar el apoyo de quienes nos estiman es lo que puede permitir una transformación más profunda y duradera.
Sobriedad me estás matando no solo invita a la risa, sino a la empatía, la reflexión y la esperanza, enseñándonos que incluso después de años de estancamiento, siempre hay una posibilidad de reescribir nuestra historia, si estamos dispuestos a dar el primer paso hacia la sobriedad emocional y personal.