El sonido de la Muerte: una buena idea que grita fuerte… aunque quizá no tanto
El terror adolescente siempre ha funcionado porque entiende una verdad básica: cuando eres joven, todo se siente como el fin del mundo. Un rumor, un rechazo, un error mínimo puede parecer una sentencia de muerte. El sonido de la Muerte, dirigida por Corin Hardy, parte de esa lógica y la lleva al extremo con una premisa sencilla como inquietante: si escuchas el sonido de un antiguo silbato azteca de la muerte, estás condenado a tu final.
La protagonista es Chrys (interpretada por Dafne Keen), la chica nueva del instituto con un pasado lleno de varios chismes a su alrededor como drogas y violencia… Eso sin mencionar que tiene un perfil gótico; por lo que, la película juega con esa ambigüedad y la usa para construir a una protagonista rota, defensiva y cansada de huir. Todo da un giro cuando Chrys encuentra en su casillero un silbato con forma de calavera.

Cuando esta película acierta, lo hace con fuerza. El elenco juvenil es creíble y carismático, especialmente Keen y Sophie Nélisse, cuya relación lésbica aporta calidez en medio del caos. Visualmente, la película sabe vender sus mejores cartas: las muertes son creativas, grotescas y a veces perturbadoras, con una mezcla efectiva de efectos prácticos y digitales. El silbato, además, es un objeto memorable, diseñado claramente para convertirse en ícono de culto.Podría decirse que, estamos en la nueva narrativa estilo Destino Final… pero con silbato de una cuestionable historia azteca.
El problema es que el largometraje parece confiar en su concepto y muy poco en su guión. La mitología del silbato es superficial y, en ocasiones, contradictoria. Las reglas cambian según conviene a la escena, y eso debilita la tensión en lugar de reforzarla. Hay temas interesantes sobre adicción, depresión, culpa y muerte prematura, pero la película apenas los roza antes de correr hacia la siguiente escena de terror sangrienta; lo que da la la sensación de que había algo más profundo que decir, pero nadie quiso detenerse a decirlo.

También pesa la construcción de los personajes secundarios: muchos son estereotipos reciclados y no siempre generan empatía. Cuando la muerte los alcanza, el impacto visual es potente, pero el emocional se queda corto al punto que podemos pasar de largo estas escenas. En lugar de angustia, a veces lo que queda es la impresión de estar viendo una sucesión de asesinatos bien ejecutados, pero vacíos.
Aun con todo, El sonido de la Muerte no es un desastre. Es entretenida, brutal y por momentos realmente inquietante. Hardy demuestra que entiende el género y sabe manejar el ritmo, aunque no siempre el fondo. No es la película que reinventa el terror juvenil, pero sí una que recuerda por qué sigue siendo atractivo.

¿Vale la pena verla? Si disfrutas del terror adolescente sin demasiadas preguntas, con sangre, maldiciones sin moral y un aire nostálgico a Destino Final y Pesadilla en Elm Street, probablemente sí la disfrutes o pases un buen rato al lado de palomitas. Es por ello que te recordamos que esta película estará disponible a partir de este 5 de febrero en tu cine mexicano favorito.