Cosmos (Reseña)
Es una película suizo mexicana dirigida por Germinal Roaux, estrenada originalmente en 2024, misma que será presentada en salas mexicanas el próximo 19 de febrero, en esta oportunidad se confirma nuevamente la sensibilidad estética de su autor, conocido también por su trayectoria como fotógrafo.
El propio Roaux participa en el guion, construyendo una obra profundamente contemplativa, filmada en un sobrio y expresivo blanco y negro que potencia la dimensión simbólica de la historia. El elenco está encabezado por una actriz que interpreta a Lena, una viuda de 68 años, y por el actor que da vida a León, el misterioso anciano maya cuya presencia transforma el relato en una experiencia íntima y espiritual.
Rodada en la zona rural de Yucatán, la película destaca por su fotografía austera y su ritmo pausado, que privilegia el silencio, la naturaleza y los gestos mínimos por encima del diálogo explícito.
La trama nos sitúa en un entorno rural donde Lena, marcada por la soledad de la viudez, cruza su camino con León, un anciano maya que parece actuar como guardián de la naturaleza y de los espíritus. Desde su primer encuentro, sus mundos, aparentemente opuestos, chocan y al mismo tiempo se atraen. Entre ellos surge un vínculo profundo que trasciende diferencias culturales, lingüísticas y sociales.

Lo que inicia como un encuentro circunstancial evoluciona hacia una conexión afectiva que alivia la soledad de ambos y resignifica sus últimos años de vida. No se trata de un romance convencional, sino de una relación construida a partir del respeto, la contemplación y los pequeños gestos cotidianos que otorgan sentido a la existencia.
El blanco y negro no es aquí un mero recurso estético, sino una declaración conceptual. Toda la película se articula a partir de contrastes: juventud y vejez, tradición y modernidad, naturaleza y progreso, permanencia y transformación. Esta dualidad visual refuerza la complejidad temática de la obra, que no puede reducirse únicamente a un relato romántico.

Cosmos explora al individuo no como un ente aislado, sino como una unidad inseparable de su entorno. El ser y el medio forman una totalidad, una sola entidad que respira y evoluciona conjuntamente.
Uno de los ejes centrales del filme es la tensión que surge cuando el entorno cambia más rápido de lo que el individuo puede adaptarse. León encarna esa fractura. Su soledad no proviene únicamente de la edad, sino del hecho de que el mundo que dio forma a su identidad ha desaparecido.
No se trata solo de una barrera lingüística o educativa; es una distancia filosófica. Su cosmovisión, basada en el respeto profundo a la naturaleza, se enfrenta a una sociedad que sustenta su crecimiento en la explotación del medio ambiente.

León experimenta en vida la muerte de su mundo, de sus costumbres y de su identidad. La película retrata esta transición con una resistencia pacífica: no hay confrontación violenta, sino una lucha silenciosa entre dos formas irreconciliables de entender lo que es importante.
En contraste, Lena representa otra dimensión del cambio. Ella no ve morir el mundo en el que creció, pero sí es consciente de su propia finitud. Su duelo es más íntimo y personal. A través de su vínculo con León, la cinta establece un diálogo entre dos maneras distintas de vivir, amar y comprender la muerte.

Mientras él concibe la vida como una continuidad indivisible con la naturaleza, ella enfrenta el paso del tiempo desde una perspectiva más individual y urbana. Sin embargo, en esa diferencia encuentran un punto de unión que demuestra que el amor puede surgir incluso en territorios aparentemente incompatibles.
Cosmos se convierte así en una reflexión sobre el libre albedrío y la frontera entre individuo y sociedad. Los cambios, internos y externos, son inevitables, pero la aceptación o el rechazo de ellos depende de lo que cada persona y cada comunidad valoren como esencial. En este caso, las apreciaciones son profundamente distintas, lo que vuelve casi imposible la adaptación completa.

En sus conclusiones, la película nos habla de un hombre cuya identidad se forjó en un mundo donde no existía una separación entre ser humano y naturaleza, y que ahora enfrenta una modernidad que fractura esa unidad. También nos muestra a una mujer que, aunque no pierde su mundo, sabe que su tiempo es limitado.
En ese cruce de caminos, Cosmos celebra la diversidad de pensamiento y sensibilidad, recordándonos que no hay una sola forma de entender la vida, el amor o la muerte. Con una puesta en escena minimalista y una profundidad filosófica notable, la obra de Germinal Roaux nos invita a contemplar no solo el paso del tiempo, sino el universo interior que cada ser humano lleva consigo.