Historias del Buen Valle (Reseña)

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Por Jesús Montes de Oca 

NIVEL BAJO DE SPOILERS

El cine documental siempre me ha parecido algo complejo: necesitas mostrar la realidad de una vida, pero a la vez tienes que hacerlo una película, y eso conlleva muchos retos. Para mí, la película lo logra con creces. Tiene un montaje dinámico y muy inteligente.

Debo decir que empieza con entrevistas de las personas a las cuales vamos a estar viendo por un tiempo, y desde ahí aparecen algunos puntos que después se van a resolver o cosas que podrían llamarnos la atención, aunque quizás no lo suficiente como para preguntarnos por qué son así; aun así, la película termina respondiendolos, y eso me parece indudablemente increíble.

La historia se sitúa en Vallbona, un barrio del extrarradio de Barcelona aislado por un río, vías férreas y autopistas. Es un espacio periférico que vive el tránsito del mundo rural al urbano, donde conviven las casas de los primeros migrantes que llegaron tras la posguerra con los nuevos bloques de la ciudad dormitorio, donde hoy se concentra una nueva migración.

Este contexto hace que el lugar funcione casi como una pequeña aldea global, llena de memorias de supervivencia y de luchas vecinales.

Además de ser contemplativa, la película no es aburrida, ni mucho menos. Nos sentimos parte de la comunidad: podemos llegar a sentir sus dolores y también sus diversiones, además de sus problemas.

La película abarca a toda la comunidad: a quienes viven ahí desde hace años y tienen una filosofía de vida muy marcada, muchas veces alejada del bien material, pero también a quienes llegan porque es más barato vivir ahí y usan el barrio como dormitorio para la capital de Barcelona.

También vemos a personas que llegaron por accidente o por desplazamiento, así como a niños, jóvenes y abuelos. Todo esto construye un retrato colectivo muy humano.

Es una película documental sumamente encantadora que, con su fotografía lenta pero brillantemente hermosa, logra contrastar a las personas con el espacio que habitan lo suficiente como para notarlas, pero no demasiado como para sentirlas externas a ese lugar.

En muchos momentos la relación entre las personas y el espacio parece casi simbiótica, como si el barrio y sus habitantes se moldean mutuamente. Por eso también es una película altamente recomendable. No me cansaré de decir que es un documental muy cercano, uno que en algunos momentos me tuvo al borde del llanto.

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