Psicópata, el asesino del conejo blanco (Reseña)
Una joven detective llegará hasta el fondo de una investigación, para dar con el paradero de un perverso asesino en serie.
Eder es un experto detective al borde del retiro en el que el considera su último caso se asocia con Nora, una joven criminalista, muy determinada que busca hasta la más diminuta pista para dar con el paradero de un asesino que ha puesto en jaque a las autoridades; teniendo como víctimas a mujeres jóvenes y dejando como su sello de presentación un tierno conejito de origami. Ahora Eder y Nora deberán evitar que más chicas caigan en las garras de este peligroso criminal.

Psicópata, el asesino del conejo blanco es un filme, que brilla con luz propia, que llega a buen puerto en un mar lleno de comedias simplonas, como han querido convertir al cine mexicano. Sin darle esa oportunidad al público de ver todas estas propuestas muy interesantes y valiosas en géneros completamente distintos.
México se ha caracterizado por tener muy buenas películas de suspenso y terror, así como todas sus variantes y subgéneros desde los inicios del cine sonoro, basta recordar “Dos monjes” o “El fantasma del convento” ambos filmes con unas atmósferas envolventes que le daban un plus a la trama. Y así década tras década la república mexicana ha tenido películas representantivas junto a sus guionistas y directores.

En el año 2010 fue cuando Fernando Barreda Luna, escribe y dirige “Atrocious”, en España, el cual se vuelve un filme de terror muy éxitoso en su paso por festivales gracias al recurso narrativo del found footage. Años después regresa a la escritura del guion y comienza la producción de la película “Psicópata, el asesino del conejo blanco”, pero por cuestiones de salud cede la dirección a J. Xavier Velasco.
Precisamente J. Xavier Velasco quien llamó mucho la atención con su cortometraje “Zerch” en la edición 2014 de Feratum, Festival Internacional de Cine Fantástico y con la película “Cocodrilos”, es el responsable de dirigir con maestría y soltura un filme de las características de “Psicópata, el asesino del conejo blanco”.

Aunque en apariencia pudiera pensarse que sólo se tomaron ciertos elementos de otras películas de detectives tratando de encontrar a un asesino, lo cierto es que “Psicópata” va mucho más allá. Si bien es cierto que recuerda a filmes como “El silencio de los inocentes”, “Longlegs”, incluso a “Besos que matan”, “El coleccionista de huesos” o “Los ríos de color púrpura”.
Thrillers hay muchos, de todo tipo y “Psicópata, el asesino del conejo blanco”, es uno que se destaca por tener un alma propia, donde cada uno de los personajes está bien construido, por tener una personalidad específica, con arcos dramáticos, donde cada personaje en pantalla tiene sus propios conflictos.

Como suele suceder el antagonista tiene un problema que se origina desde el núcleo familiar, no es el típico malo de malolandia, porque hubo algo en su niñez que lo lleva a cometer ciertos crímenes, manteniendo un modus operandi sistemático, dejando algunas pistas, va un paso más allá de quienes imparten justicia y es muy bien interpretado por el actor Hoze Meléndez.
Y para hacerle frente a este asesino en serie están los personajes de Eder, un policía al borde del retiro enfrentando una insuficiencia renal en fase terminal, interpretado por Andrés Almeida, así como la joven detective Nora, quien pese a su edad siempre se entrega al máximo resolviendo los casos que se le asignan, es metodista a pesar de que lucha contra sí misma y un trastorno de la personalidad, interpretada con maestría por Adriana Llabrés.

En muchos casos películas o series se retrata de una manera burda, casi exagerada el trastorno de identidad disociativo o personalidad múltiple, pero gracias a que una de las tías de la actriz Adriana Llabrés es psiquiatra, su personaje está creado con respeto, como los pacientes que viven con ello; no nada más es pasar de un estado a otro y ya así como así y en un abrir y cerrar de ojos ya son otras personas habitando el mismo cuerpo. Muestra toda su capacidad histriónica en pantalla y es una aguerrida agente de la ley que se le pone al tú por tú con colegas más experimentados, así como al asesino.
Y esto es de llamar la atención porque en otros casos, ante tal situación o crisis de salud o de identidad, un personaje así estaría vulnerable todo el tiempo; pero “Nora” lucha contra sí misma, lucha por salir avante contra todo pronóstico o adversidad.
También hay que reconocer el trabajo de la dirección de fotografía a cargo de Octavio Arauz, quien pese a tener escenas o secuencias de persecución o vertiginosas no se ve o se siente la clásica cámara en mano que llega a ser incómoda para los espectadores, además en las escenas con cierto contenido explícito en cuanto a las muertes de los personajes en pantalla, muestra la violencia y la sangre adecuada sin llegar a la exageración de película con contenido gore sin ton ni son.
Además de agradecerle que si bien maneja de manera estupenda las atmósferas de suspenso, de tensión, no todo está oscuro, el fallecimiento de las víctimas se ve con toda la claridad, con la iluminación adecuada.