«El Príncipe de los Dragones» de Netflix
El príncipe de los dragones (The Dragon Prince) es una serie animada de Netflix creada por Aaron Ehasz y Justin Richmond, quien antiguamente trabajaron en la serie Avatar, cuyo estilo sigue predominando este nuevo producto, pero con un humor más infantil. La serie se desarrolla en un mundo de fantasía donde existe una disputa ancestral entre los seres mágicos como elfos y dragones, ya que los humanos, en su ambición de poder hicieron uso de la magia negra que involucra el asesinato de animales y plantas para poder acceder a ella; y en consecuencia fueron relegados a una pequeña fracción del territorio. Como venganza asesinaron a Avizandum, el rey dragón, y destruyeron su huevo. Este acto desata la gran guerra donde los elfos de luna asesinan al rey Harrow del reino de Katolis.
Después del atentado, Rayla (Paula Burrows), una elfa de luna, Callum (Jack DeSena) príncipe de Katolis y Ezran (Sasha Rojen) el heredero al trono de dicho reino, descubren que el huevo no fue destruido, solo robado para ser utilizado en la magia oscura, por lo que se embarcan en una travesía para devolver el huevo a su madre, con la esperanza de que este acto logre detener la guerra.

El pasado 3 de noviembre, después de años en pausa, pudimos ver la continuación de esta entrañable historia, que había dejado a los fanáticos con ganas de más. La serie se retoma dos años después de la batalla de Torre Tormenta, con Ezran ejerciendo como rey de Katolis y Callum como Gran Mago, mientras que Rayla se impone la misión de encontrar a Claudia (Raquel Belmonte) y Viren (Wojciech Chorzy). Por su parte, Soren (Jesse Inocalla) ahora es el fiel guardia del rey Ezran.
El príncipe de los dragones es una serie con un humor infantil, y tal como Avatar tiene una trama política interesante. Pero aquí es llevado a otro nivel porque los personajes son muy idealistas, pero se ven enfrentados a decisiones difíciles, además de que en esta serie si llegan a suceder algunas muertes, que no son sangrientas, pero aún con ello es bastante fuerte considerando que es para público infantil. La tercera temporada fue muy aclamada por dicha cuestión; estuvo llena de acción y sobre todo en las escenas de la batalla la animación es muy estética y fluida. Afortunadamente, esto es algo que se conservó en la cuarta temporada, sin embargo, a nivel guion la calidad bajó de manera considerable, porque para el tiempo en que tardaron en producirla, se esperaban más cosas.

En esta cuarta temporada, Janai (Rena Anakwe) y Amaya, dos personajes que se encontraban un poco relegados, tomaron un papel importante dentro de la trama, porque posterior al asesinato de Khessa la reina de Lux Aurea, Janai, su hermana menor, toma su lugar, y tiene la ardua tarea de reconstruir el reino, que actualmente se encuentra dividido por la pérdida de su fuente principal de poder y la presencia de humanos en su territorio. Su historia, si bien es interesante porque se profundiza en la relación amorosa que cautivó a muchos fanáticos, el tema político queda bastante plano. Claramente se necesitaba más tiempo para generar tensión y así el desenlace de su trama habría sido más impactante.
La serie se ha caracterizado por un humor infantil, pero en general estaban bien, sin embargo, en esta ocasión se sienten pasados de moda y, esto resulta muy chocante en ciertos personajes como Claudia, que siempre tuvo una personalidad extraña pero ahora es exagerada, porque pasa de momentos infantiles a actitudes crueles y serias. Claramente los creadores desde el diseño del personaje quieren mostrar una dualidad entre el bien y el mal, blanco y negro, pero no está bien manejado, pareciera que sufre desorden de personalidad múltiple. Sin duda es un personaje muy interesante, al que de manera correcta podría tener el mejor arco dentro de este mundo. Solo el tiempo dirá si logrará destacar o de nuevo será opacada por Viren, su padre.

Lo mismo pasa con Ezran, quien tuvo que ascender al trono a una corta edad, pero pareciera que no se toma sus responsabilidades tan seriamente, las sesiones del consejo son un chiste y lo hace parecer un rey que aún no está preparado para su papel. Lo cual estaría bien, porque al final de cuentas es un niño, pero después hace discursos increíblemente maduros, que contrastan mucho, es confuso. Además, es posible que estas actitudes le causen problemas, porque por un lado dedica su tiempo a hacer condecoraciones al mejor panadero, y por el otro hacer cambios sociales radicales, donde humanos y seres mágicos convivan alegremente de un día para otro. A través de pequeñas pistas, se nos muestra que estas cuestiones podrían provocar una conspiración para derrocarlo y más ahora que básicamente dejo su reino desprotegido para lanzarse en una nueva aventura.
Por su parte, las misiones han costado caro a la relación de Rayla y Callum. Todos esperaban que posterior a los sucesos en Torre Tormenta, por fin se podría verlos disfrutar de tiempo en pareja, algo así como lo que mostraron con Janai y Amaya; pero no, se debe hacer sufrir a la audiencia, por lo que tenemos a un Callum enojado por el abandono de Rayla para perseguir a los villanos. Que honestamente es una buena misión, pero ¿Por qué le dejaron esa tarea a ella sola? Es decir, eran magos oscuros bastante fuertes y solo lo dejaron pasar. Por su parte, la actitud dolida de Callum es entendible, pero aún con ello sigue dejando un sabor amargo, sobre todo porque no se augura un buen futuro en ese aspecto, ya que ahora hay una nueva amenaza que seguramente será un pretexto perfecto para alargar la situación. Algo así como Aang y Katara, que el público pudo ver como tres segundos de ellos juntos en la pantalla.
En suma, esta cuarta temporada es regular en comparación con la tercera. Sirve como puente para la quinta, presentando los nuevos diseños de personajes y algunos conflictos base para las siguientes tres temporadas, pero realmente más allá del pequeño conflicto interno de Viren, la amenaza de Aravos hacia Callum y los problemas sociales en Lux Aurea, es una temporada olvidable.