Juan Luis Guerra 4.40 ‘sumerge’ al Domo de Cobre entre mar, palmeras y bachata rosa
Miércoles 23 de octubre de 2024. Desde dos horas antes al inicio del concierto la gente iba accediendo al mítico Domo de Cobre, el Palacio de los Deportes, para pasar una noche caribeña con el “Entre mar y palmeras tour” de Juan Luis Guerra y el grupo 4-40. A lo largo del perímetro se veían familias enteras, jóvenes, hombres maduros y mujeres maduras de diferentes nacionalidades. Algunos vestían ropa alusiva al evento, donde incluso réplicas de la chamarra de mezclilla que usa Guerra, aquella con la leyenda “Bachata Rosa”, se hicieron presentes entre los fanáticos.
Fue a las 21:14 horas que las luces se apagaron para dar inicio a espectáculo: las pantallas se pintaron de colores cálidos y palmeras, se acomodaron los músicos de la 4-40 y se hizo presente Juan Luis. La noche arrancaría con “Rosalía”, un anhelo al amor no correspondido; para seguir con “La travesía”, una forma rimbombante de expresar lo irremplazable que puede parecernos nuestra pareja; “La llave de mi corazón”, que combina español e inglés para contarnos cómicamente como alguien entrega todo al enamorarse; “Vale la pena”, un recordatorio del sacrificio y paciencia; y “Como yo”, una dulce-ácida mezcla entre alegría rítmica y melancolía en letra.
Después, en la pantalla corrió un vídeo que asomaba las ruedas de una bicicleta y a un médico con jeringa; los más conocedores no dudaron ni un poco en gritar por saber que se venía un hitazo “El Níagara en bicicleta”, una ácida comedia rítmica que por su peculiar humor en narrativa resulta de agrado masivo. Durante esta interpretación la gente cantó a todo pulmón, bailó y gritó “Tranquilo, Bobby, tranquilo”. Para posteriormente pasar a una canción más espiritual “Eres”; fue al terminar esta canción que se vino una sorpresa compactada: la pantalla se torno azul con destellos, luego rojiza, luego con hormigas, con flores, con hojas de otoño y hasta con burbujas; la razón de estas transiciones es un popurrí de Guerra que abarca lo mejor de 8 canciones: “Estrellitas y duendes”, “Muchachita linda”, “La hormiguita”, “Bachata en Fukuoka”, “Que me des tu cariño”, “Que me des tu cariño”, “Mi bendición”, “Frío, frío” y la imperdible “Burbujas de amor”. En tan breve momento montones de emociones manifestadas en canto y danza se expresaron de forma máxima en paralelo; en donde el compositor dejo al público cantar las estrofas que iniciaban por “quisiera ser un pez…”, mismas que se escucharon fuertes y enérgicas.
Los presentes apenas habían presenciado la mitad del concierto, aún faltaba mucho por disfrutar. Tras esta gallopinta interpretación salió en seguida otra romántica, “Tú”. La noche se pondría más dulce con “Como abeja al panal”; en esta canción Juan Luis no participó, él dejó el escenario a otros dos cantantes para así irse a cambiar de vestuario; al terminar, grupo 4-40 mostró todo su potencial en una interpretación acústica en solitario. Para pasar de nuevo con los cantantes anteriores para interpretar “Visa para un sueño”, un merengue de problemática social.
Llego nuevamente Juan Luis Guerra con un outfit que emanaba la esencia de la Bachata Rosa, dejando de lado la boina y adoptando un sombrero de tipo catrin acompañado de una chamarra mezclilla con bordados alusivos al disco antes mencionado, cantó al escenario “MAMBO 23” con una estética de radio en las pantallas lo que va acorde al inicio de la canción en donde apareció con un megáfono al final. Después aparecería Guerra con un paraguas rojo, desfiló un poco con el mientras la pantalla simulaba gotas de lluvia; esto para dar inicio a “Ójala que llueva café”, una versión caribeña del clásico de los tacvbos. El show siguió con mayor dosis de romance con “La noviecita”, que ilustra lo dulce que inician las relaciones amorosas; “El farolito”, que habla de la sensualidad femenina; y, la espiritual y motivacional “Las avispas”. Al terminar esta canción Juan Luis se retiró, esto a las 22:38 horas, a lo que el público pidió “otra”; después de un suspenso las pantallas se encendieron con esta misma frase.
Salió JLG para interpretar la soñadora “A pedir su mano”, luego la apuesta aumentó con la ultra romántica “Bachata rosa”, siendo de los principales hits del cantante; y para cerrar el show no podría ser otra que la canción más bailable del repertorio de Guerra, “La bilirrubina”. Fue así que acompañado de serpentina en el aire dio por terminado el espectáculo a las 20:56 horas. Sin duda una velada romántica llena de la contagiosa vibra del merengue y bachata.