El Conjuro 4: Últimos Ritos (Reseña)
La franquicia del Conjuro ha llegado a su fin, pero ¿qué deja esta última película? Después de 13 años y varias entregas, James Wan vuelve a sorprender con un cierre que busca innovar y ofrecer algo nuevo. Aunque la trama tiene algunos clichés y jumpscares predecibles, la película encuentra su fuerza en la exploración del miedo y el terror en un contexto más emocional y familiar.
El miedo es una emoción fuerte que sentimos ante lo desconocido, y esta película lo demuestra de manera efectiva. No es el demonio o lo paranormal lo que aterra, sino la posibilidad de perder lo que más valoramos: la familia. Los Warren, después de años de investigar fenómenos paranormales, se enfrentan a un miedo más personal y profundo: la amenaza a su hija Judy.

La película muestra cómo, a lo largo de los casos que han vivido, el miedo que como matrimonio y padres se enfrentaban no era los seres paranormales, sino la posibilidad de perder su milagro. Ahora, con Judy a punto de casarse, el miedo cambia: es el miedo a cambiar, a dejar ir, a enfrentar lo desconocido.
No es una película perfecta, pero me gusta cómo trata de dar un lado más emocional y familiar al terror. La película nos dice que el miedo y el terror no están solo en lo paranormal, sino en la propia vida. A pesar de sus defectos, esta película es un buen cierre para la franquicia y deja al espectador reflexionando.