17370155816229

Todos por pequeños o grandes que sean, sin importar la raza, hasta los perros merecen justicia.

Dariuch Michovski es una persona con cierta discapacidad visual quien tiene como mascota a un simpático perro llamado Cosmos y éste es acusado morder a Lorene Furtado, pareja de Dariuch, causándole una severa herida en el rostro.

Por otra parte Avril Lucciani es una abogada que pertenece a un bufete de abogados, quien no ha ganado ni un juicio por lo que se le da una última oportunidad para seguir laborando; ahora ella deberá defender los derechos de Cosmos, que se le trate con justicia y se le vea como lo que es un ser vivo; que ve, que siente, que tiene sus propios instintos. Dejando un precedente dentro de las leyes.

Laetitia Dosch escribe, dirige y protagoniza “El juicio de un perro”, siendo ésta su ópera prima donde sin humanizar innecesariamente a un can, se le da el peso específico dentro del filme, el simpático Kodi se roba la película con su tierna mirada y con todas sus acciones. Si bien esta película puede caer en una de tantas sobre juicios en pantalla, lo cierto es que brilla con luz propia al estar centrada en algo muy interesante, los derechos de los animales.

Aunque tiene a distintos personajes en pantalla y no todos tienen su arco dramático, cada uno desarrolla muy bien su trabajo; en el caso de Avril primero es una abogada quien se ve y se siente desplazada en un ambiente laboral dominado por hombres, pero lucha por tener su voz y voto, que vean lo que ella vale y que es capaz de ganar un juicio por más difícil que éste sea.

Además de tener una relación afectiva con su vecino, un adolescente que vive violencia intrafamiliar y él se siente con toda esa confianza de contarle por lo que está pasando, de cómo por su edad no le hacen caso y los adultos no se dan cuenta del daño que le causan con cada discusión.

Y ahora ella también se queda en esa encrucijada de qué es lo mejor para el infante, hacer una denuncia en contra de sus padres aunque pueda quedar en un hogar distinto donde pueda vivir tanto o más maltrato, de si debe guardar ese silencio y ser sólo ella testigo de lo que está viviendo este jovencito quien empieza a despertar un gran afecto, donde le confiesa ese amor que siente por alguien que se preocupa por él. Sin caer en una relación entre un adulto y un menor, para no desviarse del tema central.

Con una trama en apariencia sencilla, no cae en una comedia romántica típica francesa, va mucho más allá porque trata temas muy interesantes, desarrolla con mucha efectividad esa relación entre un hombre y su perro, como existe ese apego como se pueden entender a la perfección sin emitir un diálogo como tal entre el emisor y el receptor, donde también se enfoca en la relación entre un infante y un adulto que cada uno tienen sus miedos, sus frustraciones, inseguridades, así como ese derecho a ser felices, de contarse lo que sienten o van viviendo en su día a día.

Un alivio bastante refrescante a la trama es el actor Jean-Pascal Zadi el cual le da vida a Marc un experto en el comportamiento animal, porque así tanto el personaje de Laetitia Dosch como el espectador se dan cuenta de la importancia de darle la atención a nuestras mascotas, de saber lo que ellos quieren, de lo que necesitan; que no son sólo muebles para adornar una vivienda, se convierten en parte fundamental de sus respectivos dueños quienes los ven como parte de su familia y en este sentido la realizadora tampoco cae en cursilerías ni se va por lo fácil, tiene su parte muy dramática.

Aunque Avril tiene todo en su contra primero por defender a un perro que se convierte en su cliente junto a su dueño y la parte acusadora tiene el apoyo de los medios por ser una abogada de renombre que busca un puesto político y una joven que quedó con secuelas en su rostro tras un ataque; se va desarrollando los dimes y diretes, las pruebas a favor o en contra en ambas partes. Aquí la directora no cae en esas tediosas películas donde en los tribunales el juez es el malo, donde sólo se atacan unos a otros con argumentos y pruebas.

El juicio de un perro tiene toda esa parte argumental bastante bien llevada a cabo donde el espectador se da cuenta de que ambas partes tienen sus derechos de exigir lo que es justo para cada quien; aunque al inicio pareciera que “Furtado” sólo busca una indemnización y sacar un beneficio económico, lo cierto es que también se llega a empatizar con ella al revelar que durante gran parte de su vida ha convivido con otros perros y nunca antes había sido agredida por uno de ellos.

Así como Cosmos también tiene todo su derecho de ladrar, de pedir de alguna u otra manera de que se le saque a pasear, de sacar toda esa energía, de convivir con más congéneres, de establecer una relación con sus dueños o quien esté a cargo de él, que demuestre que no es agresivo o violento como se le acusa, aunque en realidad no pueda defenderse por sí mismo con palabras.

Su final deja mucho que pensar ¿Quién ante una situación como la que se plantea es quien se merece una justicia total?

Se estrena este 4 de septiembre.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Translate »