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Hay películas que la gente ve y dice: “¿para qué hicieron eso?”.

Y sí, Clown in a Cornfield puede parecer una más del montón… pero la verdad es que es justo el tipo de película que necesitábamos.

Vivimos en una época donde muchas cintas intentan ser demasiado profundas o te venden que te van a cambiar la vida, y al final solo te dejan confundido o decepcionado. Pero esta no.

Esta es de esas que simplemente disfrutas por lo que son: una hora y media de caos, risas, sangre y diversión pura, como cuando el cine de terror solo quería hacerte brincar del asiento o reírte de lo absurdo que era todo.

Basada en la novela de Adam Cesare, Clown in a Cornfield logra algo poco común: funciona mejor en pantalla que en papel. La película corta lo innecesario, cambia las motivaciones del villano para que tengan un poquito más de sentido y deja atrás ese tono incómodo del libro.

Y aunque no intenta reinventar el género, sí logra recordarte por qué amamos los slashers: porque no necesitas entenderlo todo, solo dejarte llevar.

Puede que algunas actuaciones se sientan muy exageradas, pero eso también tiene su encanto.

Se siente como esos slashers viejitos, donde todo estaba exagerado a propósito, con personajes que gritaban demasiado, muertes imposibles y un villano ridículamente icónico.

Y justo por eso funciona. Porque Clown in a Cornfield no pretende ser “la nueva gran película de terror”, sino una cinta que simplemente te deja disfrutar el momento, reírte, asustarte un poco y salir del cine con una sonrisa.

Incluso, se siente mucho más honesta y divertida que otras películas que quieren venderte algo “totalmente nuevo” y solo terminan quedándose cortas.

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