Arco (Reseña)
Arco (2025) es la nueva cinta del cineasta francés Ugo Bienvenu, la cual se encuentra nominada a Mejor Película Animada en los Oscars 2026.
Iris, una niña de 10 años, conoce a Arco, un misterioso niño con capa de arcoíris que cayó del cielo. Entre los dos harán todo lo posible para que Arco pueda volver a su hogar.
Arco nos adentra a una fantasía futurista, que se sitúa en el 2075, donde los cambios más notables son la incorporación de nuevas tecnologías como robots humanoides que desempeñan labores humanas y la alarmante situación del planeta que se encuentra sacudido por violentos fenómenos naturales como producto de un avanzado cambio climático.

El director muestra sus preocupaciones actuales en torno a temas como el cambio climático y el avance tecnológico; es por ello que las expresa al llevarlas a un nivel más distópico, pero que no se siente tan irreal y mucho menos lejano. En esta historia, estas dos situaciones han transformado al mundo en un lugar donde el aparente progreso trae mayores comodidades, pero a su vez diluye el contacto humano real al sustituirlo con robots, o en el mejor de los casos con llamadas a distancia en forma de hologramas, y la imposibilidad de solucionar los problemas ambientales existentes de tiempo atrás, que por el contrario han crecido, y que en el mejor de los casos la tecnología solo los “encubre” con corazas especiales que protegen a las casas.
La cinta nos deja ver que la tecnología por más humanoide que sea no es capaz de transmitir esa calidez única de los lazos humanos. Y los principales afectados de este cambio resultan ser las infancias, pues sus figuras de autoridad como tutores, maestros y policías; terminan siendo reemplazados por robots. Sin duda, la forma de retratar estos elementos futuristas resultan un agasajo para los fanáticos de la ciencia ficción y de la animación.

Arco e Iris guardan una estrecha relación que se ve simbolizada en sus nombres, y así como estas dos palabras al unirse dan pie a algo mayor; lo mismo ocurre con ambos personajes que se complementan y necesitan para afrontar su realidad: lo que forma una dupla colorida que recuerda a otras como el yin-yang, sol-lluvia y luz-prisma. Pues, si bien parten de entornos completamente, y literalmente, diferentes; ambos tienen en común una complicada relación con sus padres. Aunque en extremos diferentes, pues en un caso los padres están muy ausentes y en el otro son muy estrictos.
El problema se manifiesta con tal profundidad que si uno presta atención son contadas las veces que aparecen adultos en la cinta; en todo momento vemos niños, bebés, robots y una terna de villanos que, si bien son adultos, su comportamiento se asemeja más al de un infante; es por ello, que esta odisea encabezada por niños nos mostrará desde una visión inocente cuánta falta hace la reconexión humana en un mundo tan caótico e indiferente. Pues a partir de ahí es más probable que pueda darse un cambio que atisbe un poco de luz entre tanta oscuridad.

La cinta guarda un tono esperanzador, pero serio; pues incluso los momentos más felices están contenidos por el peso de la realidad misma. En ocasiones, se rompe la tensión con pequeños momentos cómicos impartidos en su mayoría por la terna de villanos y por el trabajo en equipo de los niños.
El soundtrack de la cinta es en su mayor parte música original que mediante sonidos instrumentales y sutiles voces acompañadas de profundas letras logra detonar perfectamente emociones y sentimientos; previamente sembrados por una trama tan hábil en conmover y sacudir al espectador.

Además de maravillarnos con sus ilustraciones, personajes, mensajes y su música. Otro elemento destacable a considerar es la simbología de los colores; pues el arcoiris es clave en la historia, los tres villanos están vestidos de los colores primarios (rojo, azul y amarillo) y elementos de la realidad futurista como artículos de supermercado y automóviles están coloreados en muchas ocasiones de tonalidades pastel. Todo esto seguramente guarda más cosas en su interior, no pareciera estar de pura casualidad.
Un filme que vale la pena disfrutar en la gran pantalla, pues nos arroja valiosas reflexiones con personajes bien construidos y todo acompañado de una hermosa animación. No cabe duda del porqué de su nominación en los Oscars y de la conversación que ha generado alrededor suyo, posicionándose a la par de cintas como Flow, Mi amigo robot y El planeta salvaje.