Fenrir: El Dios Lobo (Reseña)

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Es una obra teatral basada en la rica tradición de la mitología nórdica que se presenta como parte de la cartelera escénica contemporánea en la Ciudad de México. Escrita por Yafté Arias, bajo la dirección de Andrea Cruz Meléndez y producida por la compañía Teatrapos, la obra presentada en importantes recintos como el Centro Cultural del Bosque o el Centro Cultural Helénico, está conformada por talentosos actores como Mariana Morado, Omar Esquinca, Omar Sorroza, Félix Terán y Hugo Rocha, quienes encarnan a los personajes legendarios que pueblan este mito reinterpretado.

La trama se sitúa en los días previos al Ragnarök, el gran acontecimiento apocalíptico de la cosmovisión escandinava. Fenrir, el gran lobo negro predestinado a devorar a los dioses, se enfrenta no solo a su encierro en manos de Odín, sino también al peso de una profecía que lo señala como destructor del orden divino.

En el relato clásico, Fenrir ha sido encadenado por temor a su destino, pero en esta adaptación la obra profundiza en su conflicto interno: rabia, orgullo y tristeza se entrelazan con la traición y la incomprensión ante un futuro anunciado incluso sin ser elegido. A través de su lucha, la puesta en escena no solo recrea un mito arcaico, sino que plantea interrogantes universales sobre el libre albedrío, el prejuicio y la construcción de identidad frente a expectativas ajenas.

Uno de los aspectos más atractivos de Fenrir: El Dios Lobo radica en cómo logra trasladar al teatro un mundo mítico que, para muchos espectadores occidentales, incluido el público mexicano, resulta tanto fascinante como visualmente impactante. La escenografía, el vestuario y el uso de máscaras y títeres evocan la estética de los relatos nórdicos, donde criaturas fantásticas y dioses pueblan las historias antiguas.

Este elemento visual se combina con la música original y las coreografías que acompañan la acción dramática, creando un ambiente que sumerge al espectador en una atmósfera épica y simbólica.

Más allá de la espectacularidad visual, la obra despliega un trasfondo reflexivo: ¿Qué significa ser marcado por una profecía? ¿Es posible escapar de un destino predicho? La figura de Fenrir, un ser encadenado por miedo a su propia naturaleza se transforma en una metáfora poderosa de los prejuicios sociales y del temor colectivo ante lo diferente.

La imposición de un rol destructivo, sin que el protagonista comprenda las expectativas depositadas en él, cuestiona la lógica de juzgar y castigar antes de conocer. Así, la pieza pone en escena cómo las creencias sin fundamento, los temores culturales y los juicios anticipados pueden determinar la vida de un individuo incluso sin pruebas reales.

Otro eje importante de la obra es el diálogo entre lo épico y lo humano. Aunque Fenrir es una figura gigantesca con destino de caos, sus emociones, miedos y contradicciones lo humanizan y lo acercan al público. La relación con otros personajes, como Tyr, dios de la guerra y honor, añade una dimensión afectiva que enriquece el relato: a través de esa fraternidad y confrontación, la obra reflexiona sobre la lealtad, el sacrificio y la responsabilidad frente a lo esperado.

Al concluir la representación, el mensaje que deja Fenrir: El Dios Lobo es claro y poderoso: no existe un destino completamente escrito, y mucho menos uno que deba aceptarse sin cuestionamiento. La obra invita a repudiar los prejuicios basados en predicciones o apariencias, señalando que las suposiciones pueden convertirse en profecías autocumplidas que limitan la libertad y la identidad. En ese sentido, el montaje no solo revive un mito ancestral, sino que lo resignifica como una advertencia sobre cómo las expectativas ajenas pueden condicionar la vida de alguien.

Con risas, combates escénicos, escenografía evocadora y una narrativa que combina fuerza épica con sensibilidad contemporánea, Fenrir: El Dios Lobo se presenta como una obra teatral recomendada especialmente para quienes disfrutan de la mitología, los relatos simbólicos y los espectáculos que fusionan espectáculo visual con reflexión profunda.

 

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