Scream 7: La nostalgia grita pero no hace ruido
Después de tanto drama detrás de cámaras, por fin llega Scream 7 y sí: Neve Campbell está de vuelta como Sidney Prescott. Solo que ahora no es solo la “final girl”, sino mamá. Y aunque eso suena como una evolución interesante, la película decide irse por el camino más seguro posible… demasiado seguro.
Esta vez vemos a Sidney intentando sobrevivir otra vez a Ghostface, pero ahora junto a su hija adolescente, Tatum (sí, ese nombre no es casualidad). Hay una escena bastante tensa en la que ambas se esconden mientras el asesino apuñala la pared intentando alcanzarlas.

Es divertida, tiene suspenso y hasta un momento medio absurdo con un coche que aparece de la nada. El problema es que todo eso pasa cuando ni siquiera vamos a la mitad de la película… y ya sabemos que el misterio no puede resolverse tan fácil. Entonces te queda esa sensación de “ok… esto apenas empieza”.
Uno de los grandes temas aquí es algo que la propia película parece preguntarse: ¿a alguien le importa todavía quién es Ghostface? Después de tantas entregas donde el asesino casi siempre resulta ser más de una persona, la sorpresa ya no sorprende tanto.
Y aunque hay nuevos sospechosos (el novio sospechosamente sospechoso, el grupito de amigos que claramente están ahí para morir), casi todo se siente más rutinario que impactante.

Detrás de cámaras, el caos fue real: salidas del elenco, polémicas y cambios de director. Al final, el creador original, Kevin Williamson, tomó las riendas. Él fue quien escribió la primera Scream en los 90 y básicamente inventó el slasher “meta”, donde los personajes sabían que estaban en una película de terror. Pero aquí decide dejar de lado gran parte de ese juego inteligente y apostar por algo más clásico, más directo. Más básico.
Hay momentos que sí brillan, como la escena inicial en la casa convertida en museo del horror, donde la voz icónica de Roger L. Jackson vuelve a dar vida a Ghostface con esa vibra de locutor psicópata. Y también hay un intento extraño de revivir a Stu, el personaje original interpretado por Matthew Lillard, en una especie de guiño que mezcla nostalgia y tecnología tipo deepfake.

La verdad la película no da tanto miedo ni es tan creativa con sus asesinatos como otras secuelas. Tiene sustos, tiene sangre y tiene a Sidney otra vez al frente… pero le falta ese filo inteligente que hacía especial a la saga. Es entretenida para el fin de semana, sí. Solo que esta vez, el grito suena un poco más bajito.