Invocación (Reseña)
Una joven debe buscar la fuerza dentro de sí para vencer sus miedos y atreverse a conocer cierto ritual entre la vida y la muerte.
Megan regresa a casa de sus padres después de mucho tiempo, su padre está en una etapa terminal, su madre se siente agotada ante los cuidados que ha tenido que ir aprendiendo para darle lo mejor a su esposo y que no sufra tanto. Ante el fin inminente decide que lo mejor tanto para él como para su hija no es hacer un simple sepelio y entierro o cremación; se llevará a cabo un misterioso ritual sin pensar en las consecuencias que esto traerá consigo; se pondrá en una balanza qué es mejor la fe, las creencias paganas o la medicina tradicional.

Julia Max guionista y directora de “The surrender”, hace referencia a la rendición que tienen que hacer los familiares de la persona fallecida durante un cierto ritual. Tramas similares se han realizado desde hace muchas décadas dentro del cine de suspenso y terror, con resultados adversos; basta recordar lo ocurrido con las dos películas dirigidas por Mary Lambert “Cementerio de mascotas” y a pesar de que se le quiere dar esa visión femenina, con dos actrices encabezando el elenco, falla mucho en su tratamiento y ejecución.
De entrada el personaje de “Megan” interpretado por Colby Minifie quien ha participado en la serie “The boys”; en lugar de que el público empatice con ella porque se siente culpable de no estar con su padre durante su prolongada enfermedad y sólo lo acompaña en la fase terminal del cáncer; conforme van pasando los minutos por como está contada o enfocada la historia se vuelve más y más molesta, es muy volátil, pasa del llanto a la histeria y por más que llore no logra conectar, además hay una subtrama que queda inconclusa en la que ella regresa a casa de sus padres no sólo por estar con ellos sino porque quiere heredar en vida el dinero que le tienen asignado, entonces se deja entrever esa pequeña ambición.

Ahora en cuanto a esa relación de padre e hija entre Robert y Megan, se supone por los flashbacks que se presentan que sí, que eran muy unidos e hicieron la promesa de siempre estar juntos de cuidarse mutuamente incluso más allá de la muerte. Que esto se muestra de manera explícita cuando él fallece, sólo Megan puede verlo, hablan interactúan, la sigue aconsejando aunque también queda en entredicho si lo que está sucediendo es real o es parte de la mente de Megan.
En cuanto al personaje de la madre “Bárbara”, interpretado por Kate Burton; en todo momento se muestra abnegada, entregada por completo al cuidado de su esposo moribundo y tiene una fe ciega en una secta o grupo clandestino, cree firmemente que con rituales paganos una vez que su cónyuge sea declarado muerto podrá hacer que su espíritu regrese y la relación con su hija es muy ríspida, constantemente hay pleitos, discusiones exacerbadas; pero así como así “Megan” cambia y a regañadientes acepta el ritual que se ha planeado con antelación.

Y como en otros filmes sucede, esta no es la excepción, porque siempre depende de quién y cómo cuente la historia; porque en un inicio Megan y su padre se llevan muy bien, está muy consentida y conforme va recordando esos pasajes de su niñez se da cuenta que no todo era miel sobre hojuelas. Él le impidió seguir sus sueños dentro del ballet, dan a entender que era muy controlador.
Aunque tiene la mejor de las intenciones la directora es que no sabe hacia dónde va su historia por una parte se va al drama de una familia dividida, separada que al atravesar un duelo entonces los miembros se vuelven a unir, está esa lucha entre lo que está bien, lo que se debe seguir al pie de la letra según los médicos y la razón; con un plan descabellado para que una persona de la tercera edad regrese a la vida como si nada, sin molestias, sin dolor o sin esa enfermedad que lo ha ido consumiendo. Lo cierto es que todo se empieza a ver forzado y el espectador está tan confundido o más que Megan cuando llega un misterioso personaje a realizar un ritual.
Es justo en esta parte donde un claro homenaje de la directora hacia “El Exorcista”, la clásica película de 1973, dirigida por William Friedkien puesto que gran parte de la trama se centra en el drama que vive Reagan y su mamá, cómo ambas viven los cambios radicales en el comportamiento y la apariencia de la adolescente; hasta que se busca ayuda de un sacerdote para practicar un exorcismo. En “Invocación” es todo lo complicado que viven Megan y su madre ante la lenta agonía con el patriarca y tras el fallecimiento un misterioso personaje vestido de negro y casi sin diálogos; empieza a realizar toda una serie de cantos, de mover cosas por aquí y allá para traer de nuevo sano y salvo a “Robert”.

Y también como ha sucedido en más de una ocasión se deben de seguir ciertas reglas de manera precisa, exacta, sin saltarse ningún paso, en este caso quemar todo, todas las pertenencias que alguna vez fueron de “Robert” y “Megan” al sentir todavía ese apego por algo material no hace lo que se le ha dicho una y otra vez y por ello quedan atrapadas Madre, hija y el chamán en un tipo de limbo o una realidad alterna de donde no pueden salir o librarse fácilmente. De ahí el título original “The surrender”, “La rendición”.

Uno al hacer este tipo de pacto o ritual tiene que dar algo a cambio, dar o entregar una parte de su cuerpo, recibir cierto castigo para que el finado pueda regresar con bien y como en el caso del “padre Merrin” quien moría durante el exorcismo, en “Invocación” sucede lo mismo; sólo que sin el impacto deseado, ni esperado porque “El hombre” como se conoce al personaje de Neil Sandilands, llega hace lo suyo y de pronto en pocos minutos en pantalla ya está muerto y es devorado por una presencia que no se vuelve a ver y no queda claro si se trataba del alma en pena de “Robert” o era algo más. Incluso hay una escena de cierta manera similar a la de “El bebé de Rosemary” donde las almas se acercan de manera misteriosa a “Megan” y su madre; dichos espíritus están desnudos, como se pudo ver en la clásica película de Roman Polanski, donde los vecinos circundan la cama donde se encuentra el personaje de la actriz Mia Farrow.

Y así como en aquellas películas clásicas de artes marciales, sobre todo las de Hong Kong, donde parecía que una vez que le daban su merecido al villano en turno la trama iba a continuar pero simplemente hacían un corte abrupto y se pasaba a los créditos directamente. En “Invocación” sucede algo muy similar, porque “Megan” parece que ha logrado su propósito de regresar al mundo de los vivos sin que se explique cómo o por qué y ya, corte a negros, ruedan créditos y nunca se explica qué pasó con sus padres, se queda esa incógnita, están en esa dimensión alterna o limbo o si todo fue un viaje lisérgico en la mente de Megan por lo que consumió durante el ritual.
Y no faltan esos clichés clásicos dentro del terror, jump scares innecesarios, las clásicas películas con las casas en medio de la nada, sólo un bosque y no existe algo alrededor, no hay vecinos; nada es lo que parece. Movimientos de cámara que hacen confuso lo que está sucediendo.
Se estrena este 16 de abril.