El fin de las primeras veces: Un joven aprovecha la oportunidad para durante unas horas vivir desenfrenadamente sin importar las consecuencias
“Eduardo” un joven gay viaja a cierta ciudad para hacer un examen en un colegio, en el baño conoce a otro chico al que se le hace atractivo, comparten miradas y una pasta dental; como no se permite entrar al salón con mochila para evitar que los alumnos hagan trampa durante la prueba Eduardo deja sus pertenencias junto a un bote de basura.
Al concluir todo y salir del aula se da cuenta que su mochila ya no está; angustiado la busca por todos lados hasta que el chico que conoció en los sanitarios se la estaba cuidando. De ahí se entabla una atracción entre ellos; “Mario” invita a “Eduardo” a su casa por su cumpleaños; al estar toda su familia presente los planes de estar solos se frustra un poco, pero una vez que la fiesta termina planean estar todo el resto del día juntos. Eduardo debe tomar la decisión de regresar a casa o permanecer con alguien a quien apenas conoció en un lugar apartado de su hogar; dejarse llevar por la pasión y el deseo o estar en su zona de confort con sus seres queridos.

Rafael Ruiz Espejo, es un prolífico guionista, director y productor mexicano; egresado de la Universidad de Guadalajara, donde cursó la licenciatura en Artes audiovisuales. Tras haber logrado ser beneficiario del programa Jóvenes creadores del Fonca en los periodos del 2012-2013 y en 2019-2020; ha logrado consolidar una carrera muy sólida con cortometrajes muy especiales, los cuales se han presentado en distintos festivales de México y el extranjero, poniendo en alto el nombre del país.
“El fin de las primeras veces”, es su ópera prima; en la que a pesar de querer alejarse de ciertos clichés cae en ellos. Además no se explora el origen de su protagonista, donde no sabemos realmente cuál es su aspiración o su motivación, donde sólo se nos permite ver o entender que acudió a cierta universidad del estado de Jalisco para hacer su examen de ingreso.

Por momentos pareciera que Rafael Ruiz le hace homenajes al cine de Carlos Reygadas o Amat Escalante, debido a que los actores en pantalla se ven tan naturales, en situaciones tan comúnes y corrientes con planos larguísimos, secuencias que no llevan a nada o en apariencia no tienen mayor sentido, sólo alargar la duración de un largometraje; porque a ciencia cierta toda la trama podría contarse sin problema en un cortometraje.
El problema es que al no tener ese contexto con el protagonista “Eduardo”, interpretado por Alejandro Quintana; la historia es como un gran sketch donde el actor principal está todo tiempo a cuadro y sólo va cambiando de escenario; donde en cada locación le van ocurriendo distintas situaciones, en algunas sale bien librado y en otras tiene que afrontar sus actos.

La historia como tal es simple: Muchacho hace un examen, durante la prueba conoce a otro chico, se gustan y pasan una noche de juerga. Lo que busca el director es ponerle ciertas trabas, pero no se logra empatizar al cien por ciento con el protagonista; en lugar de que te caiga bien y uno como espectador lo trate de apoyar o entender por qué hace ciertas cosas; te va cayendo mal conforme avanza la película.
Aunque en pantalla nunca se ven sus padres, sólo se escucha la voz de su madre, la cual se siente preocupada por “Eduardo”, pero a fin de cuentas tampoco puede hacer algo como para frenarlo por estar en estados completamente diferentes y a muchos kilómetros de distancia.

Si bien no es la primera vez que se cuenta algo así, lo cierto es que las secuencias eróticas están bien cuidadas. Los actores Alejandro Quintana, Carlos López Cervantes y Pablo Castañeda se desnudan delante de la cámara con una naturalidad normal al bañarse o al tener un encuentro carnal, se desborda la pasión y las escenas no son explícitas.
Todo está muy bien coreografiado y se muestra el gran trabajo del director de fotografía a cargo de Bruno Herrera, donde no se siente ese morbo al tener a personas sin ropa o acariciando sus cuerpos.