Mary y Max: Dos almas solitarias unidas por la amistad

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En este mundo hay millones de personas que no se van a conocer nunca, pero en algunas raras ocasiones que desafían toda probabilidad, dos almas afines se encuentran. Es precisamente la historia de “Mary y Max”.

Este filme, dirigido por Adam Elliot, cuenta la historia de una niña llamada Mary, quien, por cuestiones del destino, empieza una amistad con Max, un hombre judío de Nueva York, a través de una correspondencia de cartas.

Este largometraje, de principio a fin, es profundamente emocional, porque retrata las emociones humanas de una forma cercana y compasiva.

A través de los ojos de los dos protagonistas podemos entender los momentos de la vida de cada uno: el dolor, la felicidad, la ira o la tristeza. Cada monólogo que tienen es un pedacito del alma de los personajes y de la perspectiva de cada uno. Verla desenvolverse es una experiencia cinematográfica que no olvidarás.

El arte de “Mary y Max” no se queda atrás. Las figuras están hechas de arcilla con stop motion como técnica principal. A través de este estilo tan característico se pueden ver unas expresiones que reflejan cada emoción, esto sin mencionar los detalles que tiene toda la escenografía. Por un lado, en las escenas de Max retratan Nueva York, esta urbe con grises apagados, edificios enormes y unas calles iluminadas solamente por algunos postes.

También el departamento de este hombre es simple, pero logra transmitir la personalidad de Max. Por el otro lado, está el suburbio australiano donde vive Mary, con sus pequeños jardines de pasto cortado, una casa familiar con detalles de vivienda suburbana adecuada a la época y el lugar, junto con la habitación de Mary, que igualmente tiene estos pequeños objetos que, en conjunto, reflejan la esencia de Mary.

La forma en que escenifican algunas escenas iluminará tus emociones o, por el contrario, te dejará con un hueco en el corazón. No por nada ganó Cristal al Mejor Largometraje en el Festival de Annecy y el Premio a Mejor Película en el Ottawa International Animation Festival de 2009. Desde su estreno logró cautivar el corazón del público, y es que la historia es tan cercana, ya que el propio director se basó en una experiencia real.

Puesto que, en una entrevista, el director Adam Elliot mencionó que tomó inspiración de su amigo de correspondencia, quien compartió similitudes con el personaje de Max; ambos viven en Nueva York, son judíos, son ateos y tienen la misma condición.

Con la aprobación de su amigo, el guion y un equipo de profesionales de la animación fue como se pudo dar vida a estos personajes tan entrañables. Fue, como relata en varias entrevistas, un trabajo de años que por fin vio la luz hace ya 17 años y, desde entonces, esta película enternece las emociones de quienes la ven y se queda con ellos.

“Mary y Max” demuestra que a pesar de la distancia siempre se puede conectar con alguien y que una amistad verdadera puede cambiar la vida de las personas. Así que, si aún no la has visto, es el momento para verla en pantalla grande, puesto que regresa a cines y sin duda es una pelicula que vale la pena.

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