Sacrificio: Los Elegidos – la película más salvaje del año
Hay propuestas que desde el papel suenan a una locura imposible: juntas a un elenco repleto de superestrellas, le metes una sátira social filosa, la cruzas con misticismo antiguo y pones a Romain Gavras un director famoso por su estilo visual detrás de la cámara.
El resultado de esa mezcla explosiva es una película que no se anda con rodeos y que convierte una elegante noche de caridad en un verdadero campo de batalla campal.

La premisa arranca en una gala benéfica de la alta sociedad, organizada por el millonario Ben Bracken (un imponente Vincent Cassel) y su esposa Gloria (Salma Hayek). Todo es glamour, copas y sonrisas fingidas hasta que la fachada se viene abajo. Un grupo radical interrumpe el evento de forma violenta, liderado por una enigmática Joan (Anya Taylor-Joy), con una misión muy clara: apoderarse de un artefacto místico ligado a una antigua profecía.
En medio de ese desbarajuste queda atrapado Mike (Chris Evans), arrastrado a un conflicto donde la supervivencia se mezcla con creencias extremas y una crítica durísima al ego de los poderosos.

Lo más interesante del trabajo de Gavras es que no busca hacer la típica cinta de acción genérica de Hollywood. Se nota la mano de un director con colmillo en el videoclip y el cine provocador; la película tiene un pulso acelerado, una estética sucia por momentos y una energía caótica que te mantiene al filo de la butaca. El choque entre la superficialidad de la élite y el fanatismo radical genera una sátira ácida que incomoda tanto como divierte.
El reparto se divierte a lo grande: Anya Taylor-Joy aporta una intensidad magnética y peligrosa, mientras que Chris Evans rompe con su molde habitual para entregarnos a un tipo desubicado en medio del caos. A esto se le suman apariciones sorpresivas como la de Charli XCX, dándole a la banda sonora y al ambiente general un toque moderno y disruptivo.
Claro que por momentos la trama se siente saturada al intentar abarcar tantos frentes —entre el humor negro, la acción desenfrenada y el trasfondo místico haciendo que algunas subtramas corran más rápido de lo debido.
Pero su atrevimiento y su ritmo frenético salvan cualquier tropiezo. es una bocanada de aire fresco dentro del cine comercial actual. Una comedia negra de acción que pisa callos, se ríe de los intocables y demuestra que el caos en la pantalla grande, cuando se ejecuta con estilo y mala leche, se disfruta el doble.