30 Tour de Cine Francés: «El Crimen del 3er Piso», espiar al vecino nunca fue tan divertido y tan necesario para volver a enamorarse

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Cuando descubres a Hitchcock, una nueva sensación cinematográfica y una fascinación por la adrenalina de ver lo que no se debía se despierta. Como si de un homenaje de tratará, el 30 Tour de Cine Francés trae «El Crimen del Tercer Piso».

Si crecistela con las distintas películas del maestro del suspenso, esta nueva comedia thriller de Rémi Bezançon se puede disfrutar como una carta de amor a ese cinr tan mágico pero sobre todo a «La ventana indiscreta», traducida y llevada en código francés.

Colette y François llevan años casados. Ella es profesora en la Sorbona, la mayor experta en Hitchcock de todo París. Él era el gran escritor de novelas policíacas que ya nadie quiere publicar y que vive en pijama. Su amor no se acabó, solo se quedó dormido entre la rutina, las cuentas y los silencios incómodos en la mesa.

Hasta que una noche, Colette cree ver lo imperdonable: su vecino del 3er piso asesinó a su esposa.

Tal como se ha visto en otras cintas del 30 Tour, lo maravilloso de las propuestas francesas es hacer de lo personal algo emocionante y universal. Aquí lo que impulsa y alimenta el misterio no son los grandes giros de tuerca ni mucho menos una escena de crimen brutal. Es algo más cotidiano: la monotonía, la atención a los pequeños detalles que surge cuando hay aburrimiento y ese código moral de encontrar a quien responda por un crimen que siempre va de la mano por lo vouyerista.

Esa vibra parisina de edificio viejo le da el encanto que tanto se ama del cine francés. Las mayores armas de este tipo se producciones siempre está, cuando menos en lo técnico, en saber como mover y como calibrar la cámara. El saber cuando ver de lejos o de hacer zoom, de cuando panear o de cuando mantenerse estático lo que eleva las posibilidades que ofrece una investigación casera.

Para este tipo de filmes, la química de la pareja protagonista es fundamental. Laetitia Casta es una presencia elegante, paranoica por ratos, es esa luz que da mucha calidez en un caso criminal insospechado. Gilles Lellouche, con su aspereza y escepticismo, pone pies en tierra necesaria, cimentada por una frustración de no haber podido ser el escritor que pudo ser.

Cuando aparece Guillaume Gallienne y el resto de vecinos sospechosos, esto se siente como una de esas historias de amor disfrazadas de misterio, sin afán de moverse por lo shockeante pero sí que construye un mundo que engancha. Es cursi pero funciona, thriller que sabe cuando respirar en lo romántico, curiosamente una tradición que se ha perdido con el tiempo.

Bezançon dijo que no quería hacer una película sobre un crimen, sino sobre un matrimonio. Sobre lo que pasa cuando necesitas inventarte un misterio ajeno para resolver el tuyo. Y se cumple. No hay thriller oscuro, hay una reflexión sobre lo que pasa cuando te obligas a volver a mirar a tu pareja como si fuera la primera vez.

El Crimen del 3er Piso es de esas cintas que no necesitan grandes artificios. Funciona porque todos, en algún momento, hemos sido Colette espiando con miedo, o hemos sido François sin creerle a nadie. Y porque a veces sí necesitas sospechar de un crimen al que llegaste por la vía voyeurista para entender que tu propio amor todavía puede salvarse.

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