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Pet Sounds: la cúspide de The Beach Boys

A mediados de la década de 1960, Brian Wilson y la banda californiana sorprendían al mundo con su onceavo álbum de estudio que resultó ser una revolución sonora que lo cambió todo. Uno de los trabajos de estudio más imprescindibles de toda la historia.

1966. Habían pasado dos años desde que Brian Wilson, líder de The Beach Boys, abandonó los escenarios por constantes ataques de pánico. Sin embargo, este suceso marco un cambio radical en la línea musical de la banda originaria Hawthorne, que paso a ser el arreglista, productor y compositor principal. El resultado: experimentación total, así como una apuesta a un camino distinto.

PREÁMBULO DE UNA JOYA

Inspirado por el lanzamiento de Rubber Soul de The Beatles, álbum que marcaba la salida del cuarteto de Liverpool del rock and roll, beat y demás sonidos típicos de aquella década, Wilson encontró la senda que tanto buscaba. Según palabras del músico:

“Realmente no estaba preparado para algo así. Parecía como si todo el contenido del álbum formara un conjunto. Rubber Soul era una colección de canciones […] que de alguna manera se fueron conjuntando como en ningún álbum antes hecho, y quedé muy impresionado. Le dije a la banda: Eso es todo, realmente me siento desafiado a hacer un álbum mejor”.

Para fortuna del líder de The Beach Boys, para finales de 1965 conocería al joven publicista y compositor de jingles Tony Asher, cuyo talento como letrista fue de gran aporte para este magno trabajo. La nueva dupla pronto demostraría que quizá habían logrado su cometido.

UN VIAJE MUSICAL EMOCIONAL

A través de las 13 canciones de Pet Sounds, Brian Wilson ha dibujado un viaje conformado por las emociones diversas que atravesaba el compositor californiano. A esta atmósfera llena de sentimientos se le suma una parte musical barroca, con arreglos de cuerda, de vientos, percusiones y de órganos que ponen la parte psicodélica que ya comenzaba a imperar como la nueva corriente predominante.

Habrá que destacar el brillante desempeño vocal de los 6 Beach Boys. Cada obra posee una riqueza en este aspecto, además de que gracias a que se grabó en mono (que por cierto es la forma en que Wilson percibe el sonido debido a un incidente de su infancia) por lo que cada capa de sonido resalta a un nivel alto. Este elemento se puede apreciar en diversas versiones a capela de todas las canciones del álbum.

El álbum abre con la íconica “Wouldn’t It Be Nice”. Un tono alegre que se impregna sobre todo con el acordeón de Carl Fortina y una base de doo wop como guiño a un estilo que fue propio de los de California en un inicio. La letra que cuenta la historia de una pareja joven que sueña con casarse con la frase “¿no estaría bien?” como principal motor, hace de esta canción un himno que sigue sonando con la misma emoción.

“You Still Believe in Me” es una pieza llena de nostalgia, una contraparte reflexiva respecto a la canción anterior, donde ya no se sueña con crecer sino que el temor de no haberlo hecho es latente ya que la letra recalca que “no puedo creer que aún creas en mi” y “has sido demasiado paciente conmigo” (que se puede interpretar que es la continuación de una historia de amor o una mirada al pasado, a los padres). Flautas, oboes pero sobre todo campanas son las que inundan toda la canción, en lo que si parece una especie de jingle navideño pero a gran escala, bellamente ejecutado.

La añoranza al hogar continúa con “That’s Not Me”, que posee una estructura más convencional con relación al rock de la época. Arreglos minimalistas que se resumen en algunos panderos, unos bloques de templo y un órgano Hammond, es una de las canciones que apuesta de nueva cuenta por la sencillez, por la belleza en lo mínimo, algo que calza a la perfección con el tema tocado: el miedo a la emancipación de papá y mamá.

“Don’t Talk (Put Your Head on My Shoulder)” es sentimiento en estado puro. Asher, compenetrado totalmente con Wilson escribe una letra que resulta en un auténtico bálsamo para la persona que sufre y ha encontrado en otra el hombro donde apoyarse. Las cuerdas son fenomenales, el vibrafono es impecable, tanto guitarras como bajo son sútiles pero poderosos y Brian ofrece una de sus mejores interpretaciones vocales. Magistral.

“I’m Waiting for the Day” supone un subidón anímico, una sacudida a la solemnidad que una canción atrás se había establecido. Con una base de jazz, doo woop y hall, el tema toca referente a los nuevos amores que llegan tras el rompimiento con la pareja. Si bien, no es la mejor canción y hasta al propio Brian Wilson no convenció del todo, lo cierto es que la vibra positiva era necesaria, dando balance al álbum.

“Let’s Go Away for Awhile” funge como una prueba instrumental exitosa, preámbulo perfecto para uno de los puntos más álgidos de todo el disco como lo es “Sloop John B”. Adaptación de una canción tradicional del Caribe que habla de la aventura de un nieto y un abuelo a bordo del “John B” que hacen querer regresar al primero a casa. Campanas, flauta, un bajo ligero, un glockenspiel interesante y voces a tono de doo woop hacen un cierre redondo para la cara A del onceavo trabajo de los de California.

Elegida en el puesto número 25 de las 500 mejores canciones de la historia de Rolling Stone, “God Only Knows” posee una de las mejores secciones orquestales de todo el álbum, con un liderazgo vocal sobresaliente por parte Carl Wilson, Brian Wilson y Bruce Johnston que hacen de una letra de amor un tanto agridulce (ya que comienza planteando una posibilidad de rompimiento en una pareja) algo único. Tanto que Paul McCartney la consideraría como la “mejor canción de todos los tiempos”.

“I Know There’s an Answer” continua con esa experimentación que es la esencia misma de todo este viaje. Instrumentos como banjo y saxofón se compenetran de manera efectiva con una sección de percusiones variadas, así como de un órgano psicodélico que va muy acorde al mensaje oculto: una apología al consumo de las drogas, situación a la que Wilson no era ajeno y que tuvo que ablandar debido a lo polémico que podría haber resultado.

La fusión de desilusión y carpe diem en el amor son los temas por los que gravita “Here Today”, ya que Asher escribe una letra que invita a no pensar en el mañana, en asumir el riesgo de amar pese a que todo puede acabar de un momento a otro. El contrabajo presente en la canción junto a dos trombones hacen de esta canción una especie de desfile musical que se completa con un órgano dinámica.

“I Just Wasn’t Made for These Times” es de esas canciones que en temática se adelantaron a su tiempo. Narrada desde el punto de vista de alguien que no pertenece a su tiempo, que no encuentra motivaciones ni nada que lo haga sentir dentro de la época en la que nació y acompañada por un electro theremin (que aquí hace las veces de coros finales), la atmósfera transmitida asemeja a lo que vendría en la década siguiente con temas de ciencia ficción (como David Bowie con su Ziggy Stardust), así como el uso de elementos poco convencionales para dar otro enfoque al resultad.

Tras el segundo instrumental que le da título al álbum. Supone un auténtico cambio referente a lo que se venía proponiendo gracias a varias percusiones que le dan un sabor más latino, adornado por el sonido de latas de Coca Cola, piano y trompetas que hacen recordar un poco a Herb Alpert. Un respiro final y alegre previo a un final desesperanzado.

“Caroline No” es el tema más descorazonador de todo el disco ya que habla sobre el termino de una relación, los cambios que sufre la persona amada y sobre todo, la añoranza fallida por volver a ver lo que hizo que el amor empezará en primer lugar. Percusiones repetitivas, harpiscordio sereno y unos efectos de sonido que darían inspiración para que The Beatles pudiera armar futuros proyectos (entre ellos, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band). El tramo instrumental final con la orquesta, resumen todo lo que se ha experimentado.

UNA JOYA QUE BRILLA CADA VEZ MÁS

A más de 50 años de su publicación, Pet Sounds se ha constituido como un incuestionable pilar fundamental no solo del rock sino de la música. La experimentación, complejidad musical y letras que son un vaivén de emociones influyeron para lo que después vendría, generando una nueva forma de hacer música, componer, pero sobre todo, aprovechar los recursos posibles.

Brian Wilson se atrevió a salir de lo que tanto éxito había dado a sus Beach Boys para llevarlos a otro nivel, donde lo que hacían era vanguardista, consagratorio. Toda la música realizada a posterior conduce directa o indirectamente a este gran trabajo de estudio que sigue enamorando a cada nueva generación por su contenido universal.

La complejidad compositiva y de ejecución de Pet Sounds es notable. Y no es de extrañar que, al volver de vacaciones, tanto los otros dos hermanos Wilson (Carl y Dennis), Al Jardine, Mike Love y Bruce Johnston (quién había entrado a la banda por la necesidad que había generado la ausencia de Brian en las presentaciones en vivo) se mostrarán sorprendidos, aún más nerviosos, dado que en directo era casi impensable que los 5 miembros que tocaban en el escenario pudieran replicar el resultado de 20 o más músicos. Al final y por respeto a su productor, cedieron para regalar al mundo una joya imperdible.

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