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Mellon Collie: Billy Corgan y su legado de infinita tristeza

En medio de la “batalla del Britpop” al otro lado del Atlántico, Billy Corgan y los Smashing Pumpkins grababan lo que sería el considerado por el propio vocalista, así como público y críticos el “The Wall” de la década de 1990, un álbum conceptual de 28 canciones que colocó a la banda de Illinois como un referente y que cambió el panorama musical.

Preludio: El dilema del álbum doble, 56 canciones y cambio de dinámica.

Tras el éxito que resultó “Siamese Dream” y que los llevó a tocar en Lollapaloza (en 1994) y el festival de Reading (en 1995), los liderados por Billy Corgan deciden tomarse un merecido descanso que fuera un respiro a la tensión, en parte por el carácter dominante del líder de los Pumpkins.

Buscando emular lo hecho por Roger Waters en 1979 con “The Wall”, Corgan pretendía publicar un álbum doble “conceptual”  desde 1993 con “Siamese…”, pero que no se atrevería hasta 1995 con su siguiente proyecto.

56 canciones salieron de un torrente creativo común en el frontman de los Smashing con la intención de que se publicarán 30, número que terminó en 28, 2 más que en la obra cumbre de Waters con su Pink Floyd.

El vocalista sentía que el curso musical de su banda  continuaba hacia un fin que visualizaba próximo y por ello, insistió en que se grabará como si fuera el último. Esto se reflejó en la nueva dinámica de grabación, donde se pasó del Corgan que se encargaba de absolutamente todo como sucedió en “Siamese…” donde grabó todos los instrumentos para dar paso a la colaboración grupal, es decir, un trabajo más orgánico.

Además, Corgan dio paso a su look más reconocible (cabeza rapada) y la banda, en su manera de hacer videoclips que resultaron ambiciosos (“Tonight Tonight”), vivenciales (“1979”) e icónicos (“Bullet with the Butterfly Wings”), con el fin de generar experiencias únicas, un viaje a una tristeza que ejemplifica a la vida misma.

Así, Smashing Pumpkins lo dejaba todo para dar un buen adiós hipotético que no llegó pero que sin duda se siente en todo su tercer y más emblemático trabajo.

Portada única para un momento único.

Además de la música, “Mellon Collie and The Infinite Sadness” posee un arte de tapa sin igual, que ilustra los sentimientos que Corgan tenía y deseaba expresar: por un lado, la furia rockera que caracterizó siempre a su banda; por otro, la marcada aura depresiva y de introspección de su vocalista, sello personal.

Para ello, se llamó a John Craig, un ilustrador de Pittsburgh que vivía en Wisconsin,  artista de collages, Craig había pasado la mayor parte de su carrera haciendo diseños editoriales para revistas como Time, Newsweek y Esquire. Pero de 1967 a 1970, Craig fue un diseñador y director de arte de Mercury Records, donde creó portadas e ilustraciones para Rod Stewart, Uriah Heep, Steam y otros.

Billy Corgan, amante del arte en todos sus aspectos (pintura, literatura, cine) buscaba recrear un folleto con pinturas de la época victoriana, técnica y estilo que dominaba Craig, quién teniendo un acervo inmenso de estas piezas, se puso manos a la obra.

Siguiendo el estilo del arte de tapa de “Dangerous” de Michael Jackson, Craig tomó los elementos que más le agradaban al vocal de las “Calabazas”: animales con pipas, mujeres pálidas atormentadas, cuerpos celestes con rostros, ángeles, telescopios e incluso el globo terrestre miniatura con la participación de astros irreales pero bellos (homenaje claro y hermoso a la concepción de Dante de “El Paraíso” pero adaptada al estilo victoriano).

Lo que más resalta de esta icónica portada es sin duda la niña con mirada a la deriva, la cual es un adaptación de “The Souvenir” de Jean-Baptiste Greuze y de “St. Catalina de Alejandría” por Rafael Sanzio.

Esta labor metódica dio como resultado el uso de recursos poco convencionales en el arte como lo son las fotocopiadoras, donde el talento de Craig se puso como manifiesto al conseguir que no se notaran superpuestas todas estas imágenes, logrando algo que se sentía natural, lógico y fantástico. 

Del amanecer hasta la luz de estrella: 28 testimonios musicales

Como todo álbum monumental, “Mellon Collie…” separa en varios capítulos sus canciones, todas determinadas por algún elemento en común.  Por ello, seguiremos el orden de la versión en vinyl gracias a 6 subtítulos, donde pasamos del amanecer al anochecer y de ahí, del crepúsculo a la luz de estrellas.

Amanecer (Dawn)

Nuestro viaje comienza con el melancólico tema homónimo basado en improvisaciones de Corgan al piano. Con un mellotron que será preámbulo a un arreglo más ambicioso y bello de cuerdas, “Mellon Collie and the Infinite Sadness”  es uno de los mejores tracks iniciales de la historia y el resumen así como prólogo de lo que el oyente estará por experimentar.

Seguimos con “Tonight, Tonight”, una de los clásicos absolutos de los Smashing. La entrada a este tema viene precedida por una desconexión de guitarra eléctrica (apenas audible) y sigue con una sección de cuerdas impresionante a cargo de la Chicago Symphony Orchestra. La letra, claramente de amor, es una de las mejores de Corgan y cada integrante brilla en su instrumento. La guitarra de James Iha le da balance y coro a las cuerdas; el bajo de D’arcy Wretzky es sencillo pero aplaudible; la batería de Jimmy Chamberlin asemeja a un tamborileo militar que simplemente dota a la canción de solemnidad (muy a lo Enya con “Anywhere is” pero a un ritmo más acelerado). Sumado a un vídeo que se ganó el aplauso de todos gracias al homenaje a George Mellies, Verne y al teatro, y que coincide con las grabaciones de “Titanic” de James Cameron, algo que obstaculizo conseguir el vestuario. Una fusión legendaria e inolvidable.

“Thirty-Three”, una canción reflexiva sobre el peso de la humanidad en la Tierra, la percepción de Corgan hacía la vida y una balada alternativa que para muchos es la más conmovedora de los Smashing. Guitarra acústica distorsionada, con tintes de country y una “drum machine” la dotan de un aire melancólico y bello.

“In The Arms of Sleep” y “Take Me Down” funcionan como una especie de canciones de cuna, con letras muy a la Edgar Allan Poe (sobre ángeles, entierros, muerte y un sufrimiento solicitado tanto para el que sufre como para quien hace sufrir). Ambas basan su fuerza en la voz desangelada de Corgan, la guitarra acústica que da muchas emociones y sobre todo una guitarra eléctrica que funciona a la par del sintetizador. Añoranzas a la noche que está por llegar en este disco doble. Por cierto, “Take Me Down” es la primera canción escrita íntegramente por el guitarra James Iha, quién además aporta sus voces.

Hora del Té (Tea Time)

Despertamos de la calma y el arrullo de las anteriores canciones con los estridentes riffs de “Jellybelly”. Corgan utiliza metáforas un tanto extremas en cuanto a la posesión sentimental de una persona sobre otra. Citando “Tu para siempre serás para mi, para mi”. Sin duda, las guitarras, bajo y batería, junto a los gritos del vocalista, sumando distorsiones, recrean un ambiente “gelatinoso” y confuso.

“Bodies” con gran influencia de Nirvana, Alice In Chains y The Flag, sigue en la línea de letras estilo Poe, con alusión a la descomposición de cuerpos (aunque en sentido metafórico), una visión un tanto contradictoria del amor y con riffs caóticos, con los gritos expresivos de Corgan que lo deja todo. 

“To Forgive” es  uno de los himnos a la soledad más bellos de Corgan. “Nada es importante”, “Sabía en qué estaba mal, pero continúe jugando”, “Conocí mi perdición antes de que incluso aprendiera a hablar” son algunas de las línea que construyen la letra. Lenta, pero directa, el mellotron le da una dimensión más profunda a un ligera sección de cuerdas que retoman el camino que en el anterior capítulo habían desarrollado.

“Here Is No Why” vuelve con toda la electricidad de los temas anteriores y volvemos a la calma con la larga (9 minutos y 21 segundos) de “Porcelina of the Vast Oceans” que por momentos amenaza con explotar pero queda en unos solos distorsionados, muy  a la par de este momento del álbum.

Oscuridad (Dusk)

“Bullet with the Buterfly Wings”, primer sencillo de “Mellon Collie”, último video sin la característica cabeza rapada de Corgan, es una alusión a la visión del ángel caído y que sin duda le va acorde a este capítulo “Oscuridad”. Si bien, los riffs son bastante elevados, tenemos un estribillo calmo, qué es icónico y que no renuncia a la clásica furia vocal del líder de los Smashing.

“Thru the Eyes of Ruby” y “Muzzle” continúan la electricidad de “Bullet…” y sirven como preámbulo a la maravillosa “Galapogos” que retoma el uso del Mellotron y la armonía por sobre el poder del amplificador, siendo la canción de miedo al abandono del álbum. A su vez, “Tales of a Scorched Earth” regresa a la distorsión y violencia musical que se había dejado de lado en favor de “Galapogos”. Acercamiento al hardcore por parte de los 4 Pumpkins.

Crepúsculo (Twilight)

Llegamos a la parte donde Corgan experimenta cambios bruscos en su ánimo.

Por un lado, apela a la nostalgia mediante el art rock, haciendo de “1979” (con un coro distorsionado, guitarras poderosas y región rítmica balanceada) una oda a su juventud; la positividad espontánea acerca del amor, donde dura apenas 4 minutos de arpegios de piano con sintetizadores, es una analogía a lo cortos que son ciertos momentos de felicidad frente a la tristeza de la vida (“Beautiful”); miradas muy a la Poe y Baudelaire, donde lo cursi se descompone gracias a la mirada de una persona posesiva por la que miramos el amor (“Cupid de Locke y “By Starlight”); y una de las joyas escondidas en el álbum como lo es “We Only Come Out a Night” con un autoarpa, sintetizador y piano es una de las canciones más simples. Su insistente “solo salimos de noche” es reflejo del espíritu relajado que en este capítulo quiso reflejar Corgan. Sin duda una de las mejores canciones del álbum aunque una de las menos conocidas.

Medianoche (Midnight)

Con la violencia como complemento al amor, Billy Corgan emplea historias donde la muerte (”X.Y.U.”), el sufrimiento (“F*uck You-An Ode To No One”), la ansiedad (“Love”) y sobre todo, la actitud posesiva (“Zero”)  son complemento al amor. Canciones con riffs enérgicos, muy a la Nirvana en sus momentos de mayor rabia, los Smashing Pumpkins crean escenarios góticos donde la tragedia es sinónimo de romance (“Where Boys Fear to Tread”).  Canciones que quedan y crean ambientes nocturnos, donde la luz de la luna es lo único que nos deja visualizar la extrema y violenta forma de amar que Corgan homenajea.

Luz de Estrellas (Startlight)

Llegamos al último tramo del viaje con la vulnerabilidad (“Stumbleine”), la añoranza al ser querido desde la visión de una persona fallecida o que cometió suicidio (“Lily, my one and my only”) y una despedida, un “buenas noches” con la voz de James Iha, los coros de Darcy y Billy Corgan que relajan antes de dormir (“Farewell and Goodnight”) con un cierre protagonizado por una sección de piano hermosa. Canciones con una línea acústica, tranquila, diametralmente opuestas a las anteriores y que resultan el colofón perfecto.

Después, como regalo, dos bonus track: “Tonite Reprise” (una versión acústica de algunas líneas de “Tonight, Tonight”) y la instrumental “Infinite Sadness”, una delicia sonora de casi 4 minutos, donde el mellotron, un cello, la batería, bajo y guitarra acústica reflejan el sentido del disco y el concepto de tristeza inapelable en este viaje.

LEGADO: 24 AÑOS DE TRISTEZA

Han pasado más de 2 décadas desde la eclosión de “Mellon Collie” y su “infinita tristeza” siguen estando tan claras como aquel 23 de octubre de 1995. Con momentos emotivos, de rabia, de calma y de reflexión sobre lo corta que puede ser la vida, el tercer trabajo de los Smashing Pumpkins se convirtió en un álbum de consulta musical obligado para entender aquella década en donde todo pasó de prisa y marcó la pauta para lo que se iba a realizar en el panorama musical, como podemos ver en “Urban Hymns” de The Verve e incluso en “Play” de Moby, ambos álbumes siguiendo una estructura similar con momentos unidos por una temática sonora y/o conceptual.

Considerado por muchos como el álbum más ambicioso y emblemático tanto de Billy Corgan como de los Pumpkins, conquistó al mundo y le dio un nuevo aire a la banda de Chicago que presumía un adiós en apenas 7 años de vida. Nuevamente, estamos ante un momento de enorme tristeza, de tensión y autodestrucción que desembocó, afortunadamente, en una joya musical. 

Por ello, es momento de escuchar y disfrutar de 120 minutos de un álbum único, diferente y conocer más a fondo a un Billy Corgan que el tiempo le ha dado un justo lugar como voz de una generación llena de personas talentosas pero atormentadas. 

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