Tan lejos de Arrakis

En 1965, Frank Herbert sorprendía al mundo con un futuro tan lejano pero a la vez tan magnético dominado por la ambición que tenía como escenario un planeta de arena, tormentas impredecibles, gusanos gigantescos e intrigas propias de la lucha por el poder. La novela llamada Dune, nombre sencillo pero intrigante, causó sensación e inspiró enormemente a varias generaciones de creativos que su influencia conocemos por títulos tan famosos como Star Wars, Alien o Game Of Thrones.

El éxito comercial y la grandeza de un universo que adaptaba con gran imaginación las historias de Lawrence de Arabia, llamó la atención de productores y directores de cine que añoraban con transportar al gran público a este universo.

No obstante, la inmensidad de la obra de Herbert impedía que la adaptación fuera una especie de maldición para quienes se propusieran a llevarla a cabo. En la década de 1979, Alejandro Jodorowsky concibió un proyecto de proporciones bíblicas que fracasó en su etapa temprana debido a su envergadura, que llevo a mitificar dicha propuesta en «la mejor película jamás hecha». A finales de dicha década y principios de la siguiente, Dino de Laurentiis reclutaba a Ridley Scott para conseguir llevar a cine esta obra, algo que no fructificó y un ascendente David Lynch tomaba las riendas.

El resultado: una cinta confusa, desmembrada y y asfixiada por un control creativo absoluto del italiano, la continuación a una racha negativa en su traslado a lo audiovisual, misma que se contrarrestó con series relativamente bien recibidas pero que no hacían justicia a la novela.

Con este contexto como un reto a vencer y con una carrera prestigiosa, Denis Villeneuve intenta romper el maleficio cinematográfico con su versión de «Dune», una obra técnicamente suprema que sucumbe a la tendencia: mucho estilo y poca sustancia.

Arrakis, el planeta del desierto, feudo de la familia Harkonnen desde hace generaciones, queda en manos de la Casa de los Atreides después de que el emperador ceda a ésta la explotación de las reservas de especia, una de las materias primas más valiosas de la galaxia y también una droga capaz de amplificar la conciencia y extender la vida. El duque Leto (Oscar Isaac), la dama Jessica (Rebecca Ferguson) y el hijo de ambos, Paul Atreides (Timothée Chalamet), llegan al planeta con la esperanza de recuperar el renombre de su casa, pero pronto se verán envueltos en una trama de traiciones y engaños que les llevarán a cuestionar su confianza entre sus más allegados y a valorar a los lugareños, los Fremen, una estirpe de habitantes del desierto con una estrecha relación con la especia.

Es indudable el compromiso que Villeneuve demuestra en la confección técnica de la cinta, entregando auténticas piezas artísticas conseguidas por el talento de Greig Fraser como responsable de la fotografía. A través de su dirección, Fraser bajo las indicaciones del cineasta transporta al espectador a las arenas de Arrakis, los palacios de Caladan (planeta de la casa Atreides) y hasta la crueldad de Geidi Prime (planeta de la casa Harkonnen).

La imágenes impecables y que dejan montajes audiovisuales que son deliciosos a la vista, se complementan con vestuarios de alto nivel, dotando a cada planeta, casa nobiliaria, personaje y escena de su propia personalidad. Es indudable el cuidado perfeccionista que Jacqueline West y Bob Morgan han puesto en este aspecto, algo que hace incomprensible el diseño un tanto flojo de los destiltrajes, parte fundamental de la historia y mundo.

La música del gran Hans Zimmer, enaltece los paisajes y situaciones tanto de batalla como de drama. Composiciones que incluyen percusiones que evocan lo tribal, los sintetizadores que remiten la parte tecnológica de las sociedades presentes en este universo y unos coros que combinan lo gospel con la esencia de los pueblos del desierto, son puntos altos que destacan, haciendo la cinta una experiencia que se disfruta más en grandes formatos.

Con lo técnico en un alto nivel, el realizador parece olvidarse un tanto del contenido narrativo y a la construcción de personajes bien establecida en la novela. Secuencias difusas que no explican la estructura política de las casas, no deja clara la importancia de la especia ni permite la emoción ni sopresa de revelaciones que cambian el paradigma de todo el relato.

La inclusión de voces en off por parte de las Bene Gesserit (elemento introducido por Villeneuve) alenta el ritmo y quita valioso tiempo que pudo explicar mucho más lo anterior, además de no dar espacio a escenas que permiten conocer de mejor forma a los personajes pero sobre todo, aquellas que hacen que cada uno de ellos brille, como los duelos verbales y gestuales.

Las habilidades de Paul heredadas por su madre, la dama Jessica y que están compartidas con la orden Bene Gesserit, se abordan muy a la Star Wars, aspecto que nada tiene que ver y que simplifica en demasía el encanto de estas habilidades. En cuanto a la estrategia y bondad del Duque Leto, se nota la ausencia de mayor tiempo en pantalla de la transición de poderes, así como de la convivencia de los nuevos señores feudales de Arrakis con los Fremen.

Los combates son algo deficientes, quitando brillo a los atractivos duelos de cuchillos, algo que sucede de igual manera con los mentat, aquellos consejeros analíticos de los grandes nobles, personajes que están de manera superficial en la cinta.

En lo actoral, la dirección y guión limitan mucho al cast, resultando en un aspecto irregular. Timothée Chalamet interpreta a un descafeinado Paul Atreides, el cual más allá de un debate entre sus creencias y una batalla interna por aceptar sus habilidades, parece más un joven con rabietas producto de ser «un bicho raro»; Zendaya repite el tono de MJ de Spiderman del MCU, con más apariciones en visiones que físicamente; Stellan Skarsgård se pierde en un maquillaje nada convincente como el Barón Harkonnen, sin la fuerza, crueldad y mezclando un tanto las personalidades de Jabba el Hutt con el coronel Kurtz de Apocalyose Now; Dave Bautista como la «Bestia Rabban», si bien impone, termina por ser una fría representación de dicho personaje, haciendo notable la ausencia de Feyd Rautha, ya que debe tomar su lugar; lo mismo sucede con Jason Momoa, ya que, aunque su Duncan Idaho si tiene esa química con el heredero de los Atreides, se siente más como una adaptación de la personalidad de su Aquaman que la propia creación de Herbert; Sharon Duncan-Brewster, aunque encaja correctamente con el tono de la cinta, su Liet Keynes adolece la falta de enfoque ambiental y ese carácter un tanto arrogante del material base

Entre lo mejor del ramo actoral, Rebecca Ferguson hace lo que puede y transmite bien todo el sufrimiento de la dama Jessica, limitando sus habilidades a una especie de copy paste de la fuerza planteada por George Lucas; Josh Brolin interpreta adecuadamente a Gurney Halleck, pese a que jamás introducen los verdaderos motivos de su odio a los Harkonnen; Oscar Isaac es quien mejor lo hace como el Duque Leto, ya que su porte y presencia pacífica pero con liderazgo, sumado a la química con su hijo en pantalla y sus soldados rescatan un tanto este rubro.

Si bien es una propuesta que técnicamente sorprende y refresca el panorama de la cartelera, Dune de Denis Villeneuve no rompe con el maleficio de adaptar la obra más notable de Herbert, acercándose más a un Space opera que vale la pena ver pero que se aleja de la majestuosidad de Arrakis.

FICHA TÉCNICA

Título Original: Dune

Director: Denis Villeneuve

Año: 2021

Actores: Timothée Chalamet, Zendaya, Oscar Isaac, Rebecca Ferguson, Josh Brolin, Stellan Skarsgård, Jason Momoa, Dave Bautista.

Estreno: 22 de octubre de 2021.

 

Calificación: 7/10

1 pensamiento sobre “Dune (Reseña)

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