Ambulancia, o la insoportable absurdez de Michael Bay

0

Después de un inicio en el mundo de los videoclips durante la década de los 90s, Michael Bay probó suerte con el mundo del cine, entregando su ópera prima en Dos Policías Rebeldes (1995), haciendo mancuerna con Martin Lawrence y Will Smith, marcando un estilo bastante definido que repetiría constantemente al lado del productor Jerry Bruckheimer.

Pero dice el dicho que no es lo mismo ser los Tres Mosqueteros que veinte años después. Esto aplica muy bien con el realizador californiano, que después de dar tropezones con la saga de Transformers o presentar infamias que ni Ryan Reynolds podía rescatar como Escuadrón 6 para Netflix, queda claro que el señor explosiones, balazos y violencia desmedida ha perdido el principal elemento asertivo de su filmografía inicial: entretener al público.

En un nuevo intento por encontrar la brújula narrativa y ganarse a la audiencia que sólo quiere divertirse, el director regresa con Ambulancia, remake de una cinta danesa del 2005, donde al más puro estilo hollywoodense el guionista Chris Fedak desarrolla la historia de dos medios hermanos, un ex militar (Yayah Abdul-Mateen II) y un ladrón (Jake Gyllenhall) que planean un robo millonario pero que, al salirse de control, tendrán que tomar una ambulancia como vehículo de escape.

En medio de ese desastre, se encontrarán con la necesidad de salvar la vida de un policía herido y tomar como rehén a la paramédico Cam (Eiza González), en una persecución por toda la ciudad de Los Angeles que se vuelve un espectáculo de acción tristemente mal llevado debido a los grandilocuentes excesos visuales de Bay y de las tremendas situaciones tan absurdas que impiden en todo momento que la cinta se sienta con algo de tensión.

De inicio, la trama piensa generar una empatía con los protagonistas, manejando una delgada línea donde los malos no lo son tanto y los buenos tampoco, pero nunca es explotado de buena forma durante las posteriores dos horas, pues va dando bandazos entre las actitudes y formas de pensar de sus personajes que carecen de toda lógica, resultando bastante desesperantes.

Eiza se toma muy en serio su papel y Abdul-Mateen II parece sigue estancado en esos roles de afroamericano rudo escasamente desarrollados, mostrando un rango actoral flojo en una historia de por sí carente de sentido en sus diálogos y en su forma. Tal vez Jake Gyllenhall sea el único que se salva pues se interpreta a. él pero exagerado a la n potencia, haciendo que luzca como una caricatura de sí mismo.

En cuanto a la dirección, Bay presume sus nuevos juguetes al meter en exceso tomas con drones con la supuesta intención de sumergirte más en la acción que plantea pero que, a la tercera toma en picada que realiza desde los techos de los edificios de la ciudad, pierde todo sentido cinematográfico, sintiéndose como algo innecesario más que un recurso interesante. Aunado a ello, está su acostumbrado estilo visual donde vemos los patrones usuales en su cine.

La música de la cinta es buena, pero pareciera nunca estar acorde con el tono del filme. La composición de Lorne Balfe trata de transmitir los momentos dramáticos y de tensión que la película amerita pero nunca se siente así debido a la cantidad de absurdos momentos que el guion ofrece. Y es que hay puntos donde pareciera que Bay y su equipo tomaron bases de Fuego Contra Fuego (1995) de Michael Mann o Máxima Velocidad (1994) de Jan de Bont pero se olvidan de hacerlo bien.

La edición también presenta fallas, pues no sólo tiene ese ritmo acelerado en sus secuencias de acción sino hasta en las pláticas entre los protagonistas. Son tan constantes los cortes que, a ratos, pareciera romper incluso con la atmósfera que trata de construir una cinta que debería ser una especie de thriller interesante de persecuciones, algo de lo cual dan cátedra cintas como Vanishing Point (Sarafian, 1971) o The Sugarland Express (Spielberg, 1974), entre otras que funcionan debido al equilibrio entre drama, tensión y acción.

Así, Michael Bay utiliza todos los recursos a su mano para tratar de cautivar al público, pero Ambulancia resulta ser más un viaje incómodo en el que no se sabe si reir o llorar, donde no hay buenos o malos ni una idea bien definida del rumbo que la cinta quiere tomar, provocando un accidente automovilístico cinematográfico un tanto insoportable gracias a la absurda seriedad de las situaciones que raya ya en lo paródico, haciendo que añoremos a ese californiano de tiempos viejos que al menos sabía entretener.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Translate »