Diamante Salvaje (Reseña)
Diamante salvaje es la más reciente película de la directora Agathe Riedinger, una ópera prima estrenada en el Festival de Cannes 2024. La cinta narra la vida de Liane, una joven francesa de 19 años consumida por la obsesión de convertirse en influencer y ser seleccionada para un reality show llamado Miracle Island.
A lo largo de una hora con 43 minutos, se nos presenta a un personaje adolescente lleno de incertidumbres, atrapada en una vida familiar difícil, donde busca escapar mediante una hiperactividad en redes sociales, un entorno social superficial, las compras compulsivas y una ilusión de empoderamiento femenino alimentada por una modernidad sexualizada, vulgar e hipercapitalista.
Liane sueña con alcanzar la fama a través de su belleza. Aunque sufre la presión constante de mantener activas sus redes sociales y posicionarse como influencer, la película revela las contradicciones de este anhelo. En TikTok, por ejemplo, encontramos una mezcla entre comentarios de admiración, crítica y morbo que retrata con realismo y frescura la ambigüedad en torno a los realities y la figura de los influencers. El filme explora y expone distintas formas en las que estos fenómenos impactan a la jóvene, jugando con la ilusión y la explotación simbólica.
Se trata de una historia de coming of age de una joven de clase baja, sin una promesa clara de futuro ni para ella ni para sus amigas. Aunque el relato nos muestra que Liane está tomando decisiones cuestionables, lo hace desde una vorágine emocional y una esclavitud tecnológica que permite entender la complejidad y contradicción de existir dentro —y a través— de plataformas como TikTok.
La película destaca por su mirada omnipresente sobre una chica insatisfecha con su realidad: los conflictos con su madre, la fragilidad de sus amistades, la presión de los medios y las redes sociales, así como el mandato constante de mostrarse, exhibirse, performar belleza. Esa frustración se convierte en una espera desesperada por un cambio, una esperanza basada en ilusiones mientras, poco a poco, se van quebrando la inocencia y los valores que alguna vez tuvo.
Diamante salvaje recibió dos nominaciones en el Festival de Cannes 2024, incluyendo la Palma de Oro y el Premio Cámara de Oro. Además, suma 10 nominaciones internacionales, entre ellas varias por la actuación sobresaliente de Malou Khebizi, quien encarna con profundidad el contraste entre inocencia, sensualidad y la presión de una exposición constante. Khebizi logra mostrar de manera convincente cómo su personaje vive entre el deseo de validación, la auto-sexualización y el peso emocional de la crítica social en línea.

Estamos ante una película contemporánea que se adentra en las entrañas de una generación que vive bajo el yugo de la incertidumbre y el consumo: marcas, lujos, frustraciones y una búsqueda desesperada por ser aceptados. En esa búsqueda, muchos caen en la trampa de los “likes” y comentarios que, aunque efímeros, tienen el poder de inflar o destruir la autoestima.
Aunque la película nos sugiere que Liane comete errores constantemente, también deja entrever que, aun teniendo la posibilidad de conectar con la realidad o incluso con el amor, ella prioriza otros valores. Liane es una joven con operaciones estéticas, deseando aún más modificaciones corporales, una sensualidad desbordada en sus redes sociales, y que, a pesar de tener 19 años, sigue siendo virgen, miedosa y, en ciertos aspectos, inocente ante el mundo que la rodea.
El final de la película parece ofrecer un respiro, una ilusión de esperanza que edulcora la historia. Sin embargo, también se puede leer como una invitación a seguir corrompiéndose y vendiéndose al mejor postor.