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El cine italiano es un faro para el cine de autor, apostando por historias de épocas profundas y con gran impacto emocional, recordatorio de que lamentablemente algunas cosas solo cambian de escenario.

Lejos del brillo de Hollywood, ajeno al dominio de los efectos especiales y esa hambre por irse a la segura, la industria italiana brilla por sus historias, paisajes de hermosa estampa y actuaciones que se vuelven universales.

A veces lo más sencillo es lo más complicado de plasmar, y justamente eso pasa con Vermiglio, uno de los estrenos que llegan en agosto a Filmelier+, plataforma que está dando lugar a lo que Europa produce y que vale mucho la pena.

La historia transcurren en un pueblo de los Alpes francosuizos, un lugar dominado por la nieve que aisla y, como pasa en lugares tan lejanos a las grandes urbes, con hermetismo y cercanía entre sus habitantes que toman en serio el que dirán sus vecinos. Ambientada en la recta final de la II Guerra Mundial, las dificultades crecen cuando la mínima libertad para decidir entrar o no en el reclutamiento o desertar, es un tesoro utópico.

Todo esto se pone a prueba cuando a Vermiglio llegan el hijo de una familia respetada (encabezada por el profesor del pueblo) y uno de sus compañeros que también ha huido del conflicto, cambiando para siempre la armonía campirana de esta familia.

La cuarta cinta dirigida por Maura Delpero (Maternal, 2019) es una pintura cinematográfica de una época sumamente compleja. Ese hermetismo que se siente incluso en la manera de filmar con planos generales que, pese a que permitan saborear la inmensidad de los alpes, refleja a la perfección esa soledad y esa lucha que la sociedad italiana tenía contra la invasión nazi, además de que el fascismo tiene un peso brutal, a veces más explícito pero siempre presente.

La directora aprovecha cada aspecto para tocar temas que sirven de recordatorio y también de llamada de atención.  La sociedad de Vermiglio no dista demasiado de lo que se suele vivir en esta época de aparente apertura y tolerancia: el prejuicio para las decisiones que toma el vecino que realmente no afecta más que así mismo, la calificación de una persona por situaciones que realmente no están en su control o incluso, el hecho de no poder tomar decisiones por la influencia de la familia.

El apego a la época en la que está contextualizado se nota con un diseño de producción bien trabajado. La fotografía ofrece una contradicción simbólica de bella estética: colorida con riqueza de elementos naturales y de aparente calma pero es con esos tonos verdes-azules que la incertidumbre a la vez que desasosiego por el futuro conviven en equilibrio asfixiante.

El ritmo de la película dependerá del espectador. Para un público que disfrute de esas historias de época que van desarrollándose a fuego lento pero con situaciones que se sienten realistas, esta cinta es una delicia que se disfruta. Por el contrario, si lo que se quiere es una propuesta que aborde los efectos de la guerra o se busque un dinamismo de violencia, este filme podrá no encontrar espacio en el visionado.

Las actuaciones son espléndidas. La naturalidad que el elenco infantil transmite se complementa con la experiencia de actores como Tomaso Ragno, Giuseppe de Domenico, Roberta Rovelli o Martina Scrinzi. No está de más mencionar que esta cinta demuestra como poner en la discusión el rol de la mujer en la sociedad sin meter u discurso planfetario y dando rostro a esa maternidad afectada por las circunstancias.

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