Él me llama su hija: la herida que aleja a las mujeres de Dios

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Es un viaje documental producido por el galardonado cineasta estadounidense Rick Altizer, personaje destacado por su labor en música y crónicas dentro del ámbito cristiano; el guion fue realizado en colaboración de la editora Tracy Robinson. El elenco cuenta con la participación de actores y figuras con una sólida trayectoria tanto actoral como referente al desarrollo espiritual, entre los que podemos encontrar a B. J. Arnett, Alex Kendrick y Dee Dee Mayer.

El concepto de Dios, independientemente de la fe o creencia, influye en la vida de las sociedades, tal como lo presenta este documental que narra una serie de testimonios sobre la vida religiosa de algunas mujeres, donde, a diferencia de otras crónicas que resaltan las bondades de mantener una comunión divina, presentando una buena apariencia ante todo, en comparación, esta obra muestra hechos y verdades incómodas sobre abusos, violencia y ausencias sufridas, cometidas por líderes de iglesias, quienes ante la sociedad constituían un ejemplo a seguir.

Pero que en casa, distaban mucho de ser aquel gran personaje; como es de esperarse, la familia y particularmente las mujeres, fueron quienes vivieron y cargaron con las secuelas de estos maltratos, incluso años después, impidiendo un desarrollo espiritual pleno.

La cinta, a pesar de tener una connotación explícitamente religiosa de tradición cristiana, se desarrolla paralelamente a un ámbito psicológico, debido a que la figura del padre ausente o abusador impide la plenitud devocional al asociar al ser divino con la figura paterna.

Es en este escenario, donde mujeres que en su infancia o juventud vivieron una serie de maltratos por parte del padre, en una edad adulta, a pesar de su fe y convicción de creer en Dios, ven en él reflejada la figura paterna, que derivado de los abusos, crea un conflicto interno de intereses, que termina en muchos casos, en el alejamiento o distanciamiento religioso, tal como señalan las declaraciones de algunos personajes que refieren el hecho “creo en Dios, pero no puedo adorar la figura de un hombre”.

Independientemente de la fe y gran convicción de los devotos que mantienen y procuran sus creencias ancestrales, ciertamente, un análisis de esta problemática revela que el problema yace como una consecuencia de atribuir cualidades humanas como forma o apariencia hacia Dios, siendo este hecho no otra cosa, sino el hombre creando a Dios conforme a su imagen y semejanza, en este marco, resulta interesante preguntarse ¿Por qué no imaginar que Dios es mujer?

Es interesante el hecho de que este documental resalta más una herida emocional como un obstáculo que impide adorar a Dios, que una dificultad para vivir plenamente y que compete a la salud mental de cualquier persona, que debe ser atendida sin estar condicionada a sus creencias.

Finalmente, es bien sabido que el hombre tiene la necesidad de creer, desafortunadamente aprovechando esta condición natural, incontables personas y organizaciones han cometido toda clase de abusos, es por ello, que se debe tener presente que ajeno a la fe, incluso la estructura de las religiones, se comporta y actúa paralelamente como una forma de control, de modo que se advierte que creer en dios no implica creer en el hombre.

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