Jorge Viñas y Nada Extraordinario: la cura ante panoramas desesperanzadores
Hay que prepararse, hay que soñar alto, hay que tolerar la frustración. ¿Qué haremos si un día llega la audición perfecta para ser lo que siempre quisimos? ¿Co?mo convivimos con nuestros suen?os sin convertirlos en pesadillas? ¿Y si resulta que no somos extraordinarios?
Con esta base reflexiva se ha construido la obra «Nada Extraordinaria, la cual se está presentando cada lunes del 11 de mayo al 22 de junio en el Foro La Gruta. Debido al éxito entre el público charlamos con el protagonista Jorge Viñas, quien nos platicó sobre las implicaciones que tiene esta experiencia teatral tanto en él como en el panorama actual.

Jorge Méndez (JM): En 2023 creaste Nada Extraordinario gracias al apoyo de Creadores Escénicos. ¿Qué cambió en ti y en el unipersonal desde esa primera temporada en La Capilla y el Sergio Magaña hasta este reestreno? ¿Qué descubriste del texto de Jimena Eme Vazquez que no habías visto antes?
Jorge Viñas (JV): Pues esta ya es nuestra cuarta temporada después de hace un año en el teatro Benito Juárez. Y como el texto viene de un lugar muy personal, siempre que volvemos a retomar la obra, María, la directora y yo nos ponemos a platicar de cómo nos sentimos con respecto a los temas, qué hay de nuevo, qué sigue igual y cómo queremos abordar la nueva temporada.
Ahora hablamos de cómo los sueños, nuestros grandes deseos y expectativas no se cumplen, pero que mucho de crecer o incluso de vivir tiene que ver no tanto con cumplir nuestros sueños, si no de cómo vamos averiguando en el camino cómo estos mismos se pueden modificar de acuerdo a lo vivido y entonces “reajustamos” los sueños. Y el camino del artista es una constante negociación de nuestro deseo y nuestra expectativa. Y más que haya cambiado algo, cada temporada resignificamos de acuerdo a lo vivido. De alguna manera, renovamos el deseo de lo que obra tiene por expresar.

JM: Eres egresado del diplomado de CEUVOZ: La sabiduría de la voz y la palabra diciente. Nada Extraordinario es un unipersonal con música original de Juan Manuel Torreblanca. ¿Cómo dialoga tu trabajo vocal con la música en escena y qué peso tiene “la palabra diciente” para sostener 60 minutos solo?
JV: Pues primero son como 80 minutos ya contando el segundo acto, jeje. Mi preparación vocal viene desde chiquito por haber estado en talleres de teatro musical desde los nueve años y luego la carrera. El reto vocal es mantener la atención de los espectadores conmigo durante todo ese tiempo, además que tengo que cantar, tocar la guitarra, bailar tap y hacer distintas voces. Pero gracias a los ensayos, clases y un buen calentamiento se puede lograr. Además que cada función me es importante decir lo que la obra tiene por decir, así que con eso puede ser suficiente.

JM: Con Colectivo Eutheria hiciste Vine a Rusia porque me dijeron que acá vivía un tal Antón Chéjov. Ahora vuelves con Nada Extraordinario. ¿Qué conecta a ese Jorge que buscaba a Chéjov con el que hoy se planta a hablar de lo cotidiano? ¿Hay ironía en el título?
JV: En cierto sentido podríamos decir que se parecen, ya que buscar a Chéjov partía de una necesidad de encontrarle sentido a la vida, de enfrentarnos a nuestros grandes deseos. Y era un poco como El mago de oz, los personajes encontraban sus respuestas con el viaje mismo y no con el objetivo final. Nada Extraordinario dialoga con esto porque aquí la expectativas y los sueños se convierten en un pesar y en metas que no se cumplieron y de alguna manera también es abrazar y reconocer el camino recorrido que ha dado otro tipo frutos, que en lo que podría ser “cotidiano” hay mucha belleza.
Nada Extraordinario: un monólogo sonoro que cuestiona la perfección
JM: Actualmente eres parte de la dirección residente de Mentiras y Mentidrags en el Aldama, un musical enorme. ¿Cómo cambia tu cuerpo y tu cabeza al pasar de dirigir un montaje coral y comercial a encerrarte en un unipersonal íntimo como Nada Extraordinario?
JV: Pues gracias a Mentiras he podido conocer y vivir lo complejo que es hacer un musical desde el lado de producción y eso me ha enseñado mucho. Ahí me toca ser muy práctico, empático, social y logístico para hacer el montaje de trazo de cada actor o actriz que entra. Sin embargo, también les aprendo a cada una de ellas. Y me llevo mucho de esto a Nada Extraordinario, aunque aquí mi mente es de actor y me tengo que concentrar más en la historia, en lo que estoy contando, en las intenciones y ya mis colaboradores son quienes me dirán a mí los ajustes que hacer en cada función como yo lo haría con el elenco de Mentiras.
JM: La dramaturgia es de Jimena Eme Vazquez y la dirección de María Penella. Tres años después de crearla, ¿por qué el público necesita ver Nada Extraordinario en 2026? ¿Qué tiene esta obra para decir sobre la CDMX y el momento que vivimos hoy?
JV: Creo que el trabajo personal de lidiar con nuestras expectativas nunca se acaba. Lidiamos con nuestros sueños todos los días y el cumplirlos puede ser aterrador y más hoy en día donde las redes sociales a veces nos hacen compararnos más y más. También creo que el panorama del mundo parece que nos ofrece futuros cada vez más desesperanzadores, así que creo que esta obra busca curarnos, por lo menos por un ratito, de esa espectacularidad de la vida que a veces cumplir, que no necesitamos ser un acontecimiento único para ganarnos un lugar en el mundo, que todas valemos sin necesidad de ser extraordinarios.