Leviticus: Terror para señalar la intolerancia

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Todo arranca simple: Naim se muda a un pueblo rural con su madre. Nuevos credos, nuevas reglas, nuevo aislamiento. Ahí conoce a Ryan. Lo que sigue es lo más humano del mundo: dos adolescentes descubriendo su sexualidad, probando límites, enamorándose sin saber el precio.

El quiebre viene en un momento: Naim ve a a Ryan con alguien más y los celos lo llevan

Desde ese momento la película cambia de registro. El cura promete «sanar» a los chicos. Interviene. Y con esa intervención aparece lo sobrenatural: una entidad que se materializa como la persona que más deseas. Para Naim y Ryan, verse al otro se vuelve una condena. Lo que era deseo ahora es amenaza.

Chiarella usa el horror para hablar de algo muy terrenal. El título _Leviticus_ no adorna: remite directo al pasaje bíblico que condena la homosexualidad. Todo lo que pasa después nace de una lectura literal y punitiva de ese texto. La madre de Naim, interpretada con frialdad brutal por Mia Wasikowska, actúa desde la «buena intención» de su fe. No grita, no golpea. Solo entrega a su hijo. Y eso duele más.

La película repite símbolos religiosos hasta saturarte. Las ranas son el ejemplo más claro: en la Biblia representan espíritus impuros, aquí son el castigo físico que reciben Naim y Ryan. Violencia disfrazada de purificación.

Joe Bird y Stacy Clausen sostienen el peso emocional. No interpretan víctimas. Interpretan chicos normales que cometieron el «error» de amarse. Su miedo se siente real porque no viene de un monstruo con colmillos. Viene de su comunidad, de su familia, de Dios.

Si hay comparación obligada es con It Follows. Mismo esquema: entidad invisible que aparece tras explorar la sexualidad. Diferencia clave: en It Follows puedes huir corriendo. En Leviticus no hay a dónde correr porque el monstruo vive en tu casa, en tu iglesia, en tu nombre.

Cierra sin consuelo fácil. La resistencia de Naim y Ryan es seguir existiendo. Seguir eligiéndose. Para Irma Duarte eso es el punto: la película da voz a una experiencia que muchos viven en silencio. El terror real no es lo que ves en pantalla. Es saber que para mucha gente, amar todavía se castiga.

Leviticus no te va a dejar tranquilo. Te deja con la pregunta de qué hacemos cuando la fe se usa para lastimar.

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