Engendro: de maternidad y terror
Por Jesús Montes de Oca
Engendro presenta una trama, por decir lo menos, interesante. Y yo la pondría dentro del listado de películas anticonceptivas, donde también entrarían metrajes como We Need to Talk About Kevin, Mommy o Rosemary’s Baby. ¿Pero por qué entraría en este esquema? Pues presenta una historia de paternidad y maternidad un tanto distinta a las demás, un poco menos fantasiosa de lo que aparenta en un inicio y muy acompañada de cómo se vive una relación de pareja frente a una situación límite.
La directora finlandesa Hanna Bergholm construye una historia que deja muy clara su intención desde el principio: mostrar esta situación de la forma más visceral posible. Y eso hace que Engendro no sea una película para todo el mundo. Es bastante cruda y, en varios momentos, realmente incómoda de ver, pero precisamente esa incomodidad hace que su propuesta tenga más fuerza.
Por temas de spoilers no puedo profundizar demasiado en el mensaje o en algunas de sus revelaciones, aunque sí puedo decir que la película bebe mucho del horror clásico, de aquello que resulta más perturbador cuando no se muestra por completo. Incluso hay momentos en los que, como espectador, uno comienza a preguntarse qué tan real es lo que está viendo y qué tanto pertenece al terreno de la percepción, de la culpa o del miedo. Y esa incertidumbre es una de las cosas que vuelve a la película tan interesante, porque durante todo el metraje uno está intentando entender qué es exactamente lo que está ocurriendo.
Aunque utiliza algunas convenciones del terror y del suspenso que cualquier aficionado al género podrá identificar e incluso anticipar, eso no le resta interés. Al contrario, la película entiende muy bien cómo construir tensión. Su propuesta visual es contemplativa, muchas veces lenta y, en algunos momentos muy específicos, frenética. Pero siempre existe una intención clara detrás de la cámara.

Hay escenas donde los personajes mantienen conversaciones mientras, en el fondo del encuadre, suceden otras cosas. Y estas no están ahí únicamente para generar un susto fácil, sino que también funcionan como pequeñas pistas narrativas de lo que está por venir. Esa construcción del suspenso, basada más en la observación y en la inquietud que en el sobresalto, me pareció uno de sus puntos más fuertes.
Seguimos a esta pareja, interpretada por Seidi Haarla y Rupert Grint, ambos aterrados por la nueva vida que están a punto de enfrentar y obligados a recorrer caminos para los cuales quizá nunca estuvieron preparados. La película utiliza esta situación para explorar los miedos de la maternidad y la paternidad desde un lugar muy incómodo, muy humano y, por momentos, profundamente perturbador.

Visualmente, la cinematografía de Pietari Peltola es muy limpia y muy precisa. El diseño sonoro también merece una mención especial; de verdad, las escenas relacionadas con el bebé son, en muchos momentos, extremadamente estresantes. La película entiende perfectamente cómo utilizar el sonido para generar ansiedad y mantener al espectador en un estado constante de incomodidad.
Como puntos negativos, creo que en ocasiones la parte fantástica puede llevarse demasiado lejos. Si no logras conectar con la lógica interna que propone la película o con la relación entre lo real y lo fantástico dentro de su propio universo, algunas situaciones pueden parecer un poco absurdas. Además, existen momentos que rozan la comedia involuntaria, lo que genera una sensación extraña: por un lado, la película construye un suspenso muy efectivo y, por otro, hay escenas que provocan una reacción completamente distinta. No estoy seguro de que ese contraste siempre juegue a su favor.

Personalmente, no creo que Engendro entre dentro de lo mejor del año para mí. Sin embargo, sí me parece una propuesta muy interesante, incómoda y arriesgada, una de esas películas que probablemente quedará en la mente un buen tiempo después de verla, especialmente a quienes sean padres, estén pensando en formar una familia o simplemente tengan interés en historias que exploren el horror psicológico. Y eso, independientemente de sus defectos, ya es bastante valioso.