Critica-63-horas-de-panico-Dead-Mans-Wire

Febrero de 1977, en Indianapolis, Indiana, Tony Kiritsis entró al edificio de Meridian Mortgage para tomar como rehén a Richard Hall, el presidente de la compañía hipotecaria a la cual Kiritsis resentía por sus malas prácticas. Fue así como empezó la situación de rehenes que terminó por durar días y mantuvo cautivo a todo el estado americano.

Estos hechos verídicos fueron recreados en la película más nueva del director holandés Gus Van Sant, “Dead Man ‘s Wire”. Con un ritmo frenético, Van Sant recrea la situación que tomó lugar en Estados Unidos, utilizando a Bill Skarsgard y a Dacre Montgomery para darle vida a los protagonistas de los hechos. Retomando su exploración del silencio y de los formatos, el realizador europeo entrega a la audiencia una obra que juega con dar énfasis a distintos elementos técnicos a lo largo de su duración.

 

Este “juego” lleva a momentos en los que el diseño sonoro es protagonista, otros en los que cortes frenéticos toman fuerza y la constante de un ir y venir entre formatos – todos ayudando a ahondar en el frenesí que esta situación tiene por naturaleza.

Es una historia que, aunque verdadera, juega mucho con dónde yace la culpa y la locura entre los personajes: ¿es más reprochable aquél que ha sido víctima de la insaciable naturaleza del capitalismo o aquél que se ocupa de ejercer esta violencia con tal de mantener sus bolsillos más que llenos?

Acatando a los tiempos en los que vivimos, esta reflexión no cae en oídos sordos, más bien repite el sentimiento anti-capitalista que cada vez se hace más latente en nuestra sociedad. Sería interesante saber si esta película hubiera sido estrenada o hecha en una época en la que el colapso económico no nos acechara, si se hubiera recibido de otro modo, pero tomando en cuenta los hechos tanto ficticios como reales, queda claro que la sociedad (casi) siempre apoya a aquél que se atreve a ponerle un alto a un abusador.

“Dead Man’s Wire” goza, además de un excelente diseño sonoro (con needle drops de envidia y un OST de Danny Elfman), de un reparto espectacular que nos recuerda los días de antaño en los que los actores se permitían jugar y perderse en un personaje y un reparto.

Skarsgard hace una interpretación tan fenomenal, que uno no puede evitar plantearse el por qué es qué se la pasa cubierto de prótesis en sus películas. Asimismo, Montgomery le hace una dupla que da indicio a una carrera que, si sigue por este camino, dejará muy atrás los días en los que sólo se le conoce por su participación en el fenómeno de “Stranger Things”. Realmente hacen una labor tan tremenda, que los personajes de Colman Domingo, Cary Elwes y de Al Pacino quedan tan sólo como una cereza en el pastel que termina por complementar lo que la nueva generación de actores están haciendo.

Finalmente, “Dead Man’s Wire” es una película que con un particular ritmo y un tratamiento que coquetea con el humor negro, plantea un sentimiento anti-capitalista que da voz al sentir actual de la sociedad. Es la cinta perfecta para sentirse acompañado en los días en los que uno se siente abrumado por las demandas económicas de la vida, si quiera tan solo para saber que siempre habrá en la historia momentos de reflexión y resistencia a la interminable pesadilla económica.

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