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Por Jesús Montes de Oca 

¿Qué nos quiere presentar Eliana Niño, quien también escribe y dirige este largometraje? ¿Será acaso una historia de transición de una pequeña niña hacia la preadolescencia? ¿La dura vida que se puede tener en el campo durante el verano y ese sol intenso que drena la vida de plantas y animales? ¿Es el proceso de duelo de un abuelo y una nieta? ¿O es la búsqueda por realizar sueños que se creían ya perdidos?

Me parece que reducir este largometraje a una sola de esas vertientes es, en el menor de los casos, reduccionista. Sin duda habla de todo eso y más. La película utiliza el entorno, las costumbres y la bella música que tocan y escuchan sus personajes para contarnos quiénes son. Son detalles sutiles a los que hay que prestar atención o terminarán perdiéndose entre las imágenes tan bellas que logra capturar la fotografía, filmada en las llanuras orientales de Colombia.

Cada fotograma transmite el insoportable calor; sí, utiliza ese color sepia tan característico con el que muchas veces se representa a Latinoamérica, pero aquí tiene una intención distinta: hacer sentir que el verano es feroz y, al mismo tiempo, dejarnos expectantes ante la llegada de esa lluvia tan esperanzadora.

Es una película profundamente hermosa, donde uno queda inmerso gracias a sus encuadres, tanto los generales, que permiten apreciar la inmensidad del paisaje, como los más cercanos a los rostros y las expresiones de los personajes.

También el montaje resulta clave para contar la historia, pues deja espacio para imaginar y también para ilusionar, especialmente a quienes hemos vivido o convivido de cerca con estos lugares, con estas costumbres y con estas vidas que, aunque parezcan muy distintas, terminan siendo muy parecidas en sentimiento.

Y aunque al principio dije que sería injusto reducirla a una sola idea, personalmente me quedo con una: avanzar. Avanzar el duelo y seguir persiguiendo los sueños. Esos sueños que parecían haberse perdido durante el verano quizá algún día bajen en forma de lluvia para volver a llenar de vida y dejar brotar las semillas.

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