Insaciable (Reseña)
El miedo a engordar, la presión por conseguir un cuerpo perfecto y el anhelo de aceptación pueden llevarte a probar métodos, seguir rutinas y, por supuesto, como le ocurre a la protagonista, Hana (Midori Francis), recurrir a cualquier medio para conseguir ser delgada, incluso si eso pone en riesgo su vida.
La solución que parece mágica llega en forma de una pequeña píldora “Gray”, que esconde entre sus componentes algo sumamente perturbador y que traerá consigo consecuencias que Hana ya no podrá controlar.
“Insaciable” retrata los trastornos alimenticios de una manera cruda y cercana, una experiencia por la que muchas mujeres y hombres atraviesan. Desde el bombardeo del algoritmo con tendencias body positive hasta los retos y contenidos que promueven la delgadez como ideal de belleza, la película deja entrever la compleja relación con la comida y cómo esta se entrelaza con los vínculos de Hana: sus amigos, sus compañeros de prácticas, el amor romántico y su familia. La comida termina estando vinculada incluso con las partes más profundas de su identidad.

Y es que las personas tenemos un disfrute intrínseco por la comida; esta forma parte de nuestro día a día y puede incluso contribuir a construir nuestra personalidad. Si hacemos un pequeño ejercicio de introspección, nos daremos cuenta de que nuestras preferencias, incluida la cantidad de comida que ingerimos, también forman parte de nuestra identidad. Sin embargo, la sociedad ha volcado sobre el cuerpo y la alimentación numerosas ideas preconcebidas. Los ejemplos abundan: desde pensar que todos los carbohidratos son malos hasta seguir dietas extremas, como aquellas en las que algunas personas llegan a consumir únicamente una manzana o un pepino al día, todo con tal de alcanzar la figura o el peso deseado. Pero pocas veces se habla de las consecuencias que estas prácticas pueden tener en la salud física y mental, algo que “Insaciable” aborda magníficamente mediante metáforas y, por supuesto, a través de una narrativa única que mezcla lo paranormal con la realidad palpable de Hana.
En especial, hay varias secuencias en las que Hana come y la cámara realiza primeros planos acompañados de sonidos muy marcados y expresiones faciales exacerbadas que cuentan, por sí mismas, un ciclo de emociones autodestructivas. Junto a estas escenas aparecen aquellas que involucran al espíritu, una presencia que acapara la atención, crea una atmósfera de trastorno e inquietud y complementa visualmente la experiencia. Los colores que maneja la película son un deleite, al igual que los efectos especiales utilizados para construir el cuerpo de esta presencia, donde huesos, músculos, piel y, sobre todo, la grasa se convierten en protagonistas. Son formas capaces de provocar repulsión o asombro.

Esta película va más allá de lo paranormal: existe una conexión psicológica entre Hana y el espíritu, una relación que permite explorar de manera simbólica los conflictos internos de la protagonista. A lo largo de la historia, la presencia se convierte en una representación inquietante de aquello que Hana intenta controlar, mientras la película plantea un mensaje que permanece patente hasta el último momento.
Con un final que te da para pensar, “Insaciable” se coloca entre las películas más recomendables del último año. Es una propuesta que vale la pena ver, no solo por su componente de terror, sino por la manera en que utiliza lo sobrenatural para hablar de inseguridades, presión social externa e interna y la relación que construimos con nuestro propio cuerpo a través de nuestras vivencias. Si buscas una película inquietante, visualmente atractiva y con algo más que sustos, dale una oportunidad a “Insaciable” y déjate llevar por su perturbadora historia.