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FICM 2020: ‘¡Ánimo Juventud!’, Carlos Armella y su oda al espíritu de los jóvenes

Con motivo de la 18va edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, Carlos Armella presentó su segundo largometraje de ficción, ‘¡Ánimo Juventud!’ en la competencia por Largometraje Mexicano en la presente edición.

“Fue una cosa que me llegó a la cabeza, me empezó a bombardear como pidiéndome que la escribiera. Todo empezó con un graffiti que vi en la pared que era una especie de declaración de amor y me cuestione acerca de quién lo había escrito y si la persona a quien iba dirigido lo habría leído. Eso me disparó la idea de un joven que hacía eso, que no tenía el valor de decirle este sentimiento a la persona que amaba así que lo pintarrajeaba y eso lo llevaba a meterse en problemas. Desarrollé esa historia que era la de Martín para algo que aún no sabía que sería. Y conforme iba haciendo esta historia de repente me vino a la mente Dulce y construyendo ese personaje veía que tenía su propia historia y luego vi que se conectaban con Daniel y luego Pedro. Resultaba obvio que lo que los unía es que todos eran adolescentes. El mayor era Daniel pero aún no entraba a la adultez.” inició Armella.

“Comencé a construirlo de una manera tal que las historias se cruzaban y afectaban unas a otras. Y desde la premisa de quien escribe su amor en una pared, me parecía que tenía algo de lindo pero al mismo tiempo de absurdo. Eso me dictó que este tenía que ser el tono porque había una especie de absurdo, de inocencia inclusive pero que seguro para la persona fue algo intenso, dramático y muy apasionado. Entonces me parecía que iba muy de la mano la parte cómica con la dramática y ese fue el tono que le di al filme.” continúa.

Una de las palabras clave para definir a los cuatro personajes de este relato es ‘soñadores’, ya que Carlos, desde el principio, “quería que estos jóvenes, que por un lado son muy ordinarios, pero que fueran soñadores. Los identifico así, porque son chavos que están abriendo sus alas queriendo volar pero no saben cómo. Por eso se enfrentan a estos adultos que les quieren cortar las alas pero para mí lo importante era el espíritu joven que batalla por seguir siendo joven y rebelde. No se trata de verlos madurar y adaptarse a la vida adulta sino verlos entrar al mundo de los adultos pero conservando su espíritu joven”, dice Carlos.

“Cada uno de ellos tiene un momento aunque sea muy breve, de esta especie de realismo mágico alrededor de ellos. Estos pequeños elementos tenían que ver con definir a los personajes como soñadores”.

Entre los personajes que arman este collage de juventud, destaca la labor de Pedro, un joven que inventa su propio idioma y es incapaz de entenderse con los adultos. Al respecto, Armella comenta: “Si bien quería que todos tuvieran un peso en el entramado del relato, si creo que es Pedro quien lleva el mensaje final de la cinta. Para esto me remití a mis sentimientos de adolescencia, de sentirme incomprendido, que nadie me entendía y demás. Pero tratar de no verlo como algo ridículo sino como algo apasionado. Viendo en retrospectiva digo, como adulto vemos a un adolescente y decimos ‘no los entiendo’, pareciera que hablan otro idioma”.

“Con Pedro yo quería mostrar que si habla otro idioma pero es muy parecido al nuestro. Si lo escuchas bien, quizás no entiendes todo pero te da un entendimiento de lo que quiere decir. Y creo que ese es el juego de este personaje. Al inventar ese idioma que suena parecido está exigiendo que los adultos lo escuchen. Él no atraviesa la barrera del lenguaje por completo y te exige como oyente que realmente lo escuchen si lo quieren entender. Si no, no lo van a poder hacer. Por eso quienes acaban por entender a Pedro son los jóvenes, porque se detienen a escucharlo”.

Por otra parte, también nos encontramos con el relato de Dulce, que representa el lado femenino de la historia y que tiene un autodescubrimiento muy interesante. “Tiene una escena donde marca ese momento de cambio por ese momento tan especial en su vida donde quería combinar la parte de lo que significan para ella las estrellas. Tiene una cuestión del peso de la ausencia de su madre pero también esa necesidad de querer ser amada, llenar ese vacío y descubrirse como mujer. Es casi un cliché lo que vemos pasar pero tiene que ver con ese punto de ensoñación, que tienen todos y que representan pasar de la realidad que mostramos a adentrarnos un poco más en las mentes de cada uno. Independientemente de que sea algo que fuera a recordar o no después, sí marca un cambio. Ella, como los demás, está atravesando ese momento de cambio,no precisamente de madurez”, dijo.

Y aunque Martín y su historia, que fueron los que empezaron la idea de todo el filme, puede ser aquel joven que enfrente más la adversidad conforme a los otros también resulta en un final un tanto esperanzador. “El final de Martín al ver su nombre en la ventana, siente que está ahí para él. Es el momento en que a pesar de todo lo que ha pasado, le da un sensación de que alguien lo ama o lo va a amar. A pesar de su relato con tintes de tristeza, tiene un desenlace que es agridulce pero es un cierre que me emociona muchísimo”, comenta Armella.

Si bien trabajar con jóvenes a veces no es tan sencillo, Carlos Armella supo ingeniárselas. “Lo importante era representar bien a los personajes, sus arcos y contar sus historias. El trabajo fue complicado. A veces lo que uno quiere en su trabajo es ver esa fuerza, esa energía, esa pasión. Los jóvenes pueden tardar más en llegar a donde quieres llegar pero tienen mucha energía. Trabajamos con ellos desde el casting, hicimos un taller de actuación con ellos durante dos meses, sobre todo para que se conocieran y hubiera buena comunicación. Las relaciones que se hicieron entre ellos son muy valiosas, porque ha muchas amistades que se forjaron ahí, hasta conmigo y con el crew. Se hicieron estos lazos que yo atesoro y que es un gusto conservar. Trabajar con ellos, entonces, fue una delicia”.

La música también tiene una gran importancia en este largometraje, siendo un factor que da identidad a los personajes y marca el ritmo del relato. “Era algo que desde el principio sabíamos que queríamos. Colaboro con Carlos Mier, el compositor, desde hace muchos años. Desde que escribo voy pensando en el tipo de música armo mi playlist, discuto con él algunas ideas. Aquí definimos que cada uno debía tener su tema, su instrumentación y demás. Y al final, cuando se van combinando sus historias empiezan a permearse los temas de uno con otro hasta llegar al final. Fue un trabajo muy laborioso, ya que desde que estoy editando hay veces que trabajo ya con música original compuesta o con referencias musical para darle el ritmo al filme. Me gusta mucho editar con música, me gusta que cargue con el ritmo y la energía pero que no imponga la emoción sino que esté muy apoyado en el beat. Sabíamos que queríamos cosas con percusiones que marcaran el ritmo de las escenas e incluso las transiciones entre ellas”, afirma el director.

“Además, en esta ocasión tuvimos colaboraciones con talentos que le gustan a los jóvenes pero que van de acuerdo también con mis gustos. Son artistas pop que tienen ciertas cosas que sé que me gustan. Justamente, creo que la música sirvió para cerrar esa brecha entre la historia y el realizador. Lleva mi gusto pero también le gusta a los jóvenes. Colaboraron por ello gente como Paulina Sotomayor, Santi de Little Jesus, Belafonte Sensacional, Gina Recamier, en fin. Todos ellos enriquecieron mucho el soundtrack”, comentó el realizador.

La mejor enseñanza que este filme le dejó a Carlos Armella es la energía de los muchachos con los que trabajó. “Me quedo mucho con ese momento de repente ver que la escena no está saliendo bien, que técnicamente no todo es tan ideal como se imaginó pero ver que se paran de su silla, hacen un baile y entran a escena, esa energía es algo maravilloso que me gustaría seguir empujando en todo mi trabajo. Que esa energía y vitalidad se contagie en cualquier proyecto. Otro aprendizaje doloroso es cuando pasas a la edición y tienes que eliminar escenas que te encantaron y al final no quedan pero es por el bien de la narrativa. Es algo duro de aprender para los directores, el decir que está muy buena esa escena pero la tienes que quitar del corte final porque no va con lo que quieres decir”, concluyó.

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