Semillas y la naturalidad de la vida misma: entrevista con Eliana Niño
Por Jesús Montes de Oca
Hay historias que nacen de la tierra y miran al cielo. Así es SEMILLAS, el primer largometraje de la directora colombiana Eliana Niño, un filme llanero que entreteje magia, tradición oral y la fuerza de la infancia.
En medio de los atardeceres dorados e infinitos de los Llanos, conocemos a Shaira, una niña valiente que sueña con participar en un festival de coleo. Cuando su caballo, llamado justamente Semillas, desaparece por la sequía, su abuelo le cuenta la leyenda: el cielo atrapa a los animales y solo volverán cuando vuelva a llover.
Con esa promesa en el corazón, Shaira emprende un viaje para encontrar una semilla especial capaz de hacer llover y traer de vuelta a su mejor amigo.
Es una película sobre el paso de la niñez a la adolescencia y sobre cómo una pequeña semilla puede ser el inicio de todo.
Tuvimos la oportunidad de platicar con su directora, Eliana Niño, y esto fue lo que nos contó:
¿Cómo surge el planteamiento de esta historia? Hemos visto historias sobre el duelo o sobre perseguir metas, pero combinarlas no es tan común.
La historia de Semillas nació del deseo de retratar la naturalidad de la vida misma, con sus motivaciones, sus alegrías, sus tristezas y, sobre todo, con esos silencios que muchas veces habitan las familias. Me interesaba mostrar una familia que se quiere, pero que no siempre sabe expresar lo que siente. Por eso, el duelo no se vive desde las palabras o el drama explícito, sino desde los pequeños gestos, las ausencias y la manera particular en que cada personaje enfrenta la pérdida.
Más que hablar únicamente del duelo o de la búsqueda de un sueño, quería mostrar cómo ambas cosas pueden formar parte del mismo proceso. Creo que las pérdidas nos transforman y, aunque dejan un vacío, también pueden convertirse en el impulso para crecer, reconciliarnos con quienes nos rodean y encontrar nuevas razones para seguir adelante.

En el caso de Shaira, esa transformación también está ligada a su hermano. Él era su mayor referente, su héroe, y compartía el sueño de participar en el coleo. De alguna manera, cuando ella decide perseguir ese mismo sueño, no solo está buscando cumplir una meta personal, sino también mantener vivo el vínculo con él. No se trata de reemplazarlo, sino de honrar su memoria y de encontrar, a través de ese camino, una forma de seguir adelante.
En Semillas, la pérdida no representa un final, sino el comienzo de una transformación. Shaira descubre su propia fortaleza y encuentra la motivación para perseguir sus sueños. Esa es, para mí, una de las maneras más honestas en las que la vida sigue su curso, el dolor permanece, pero también la posibilidad de crecer y florecer a partir de él.

Me pareció muy interesante tener esta esperanza en la lluvia. A nosotros nos molesta porque nos dificulta hacer nuestras actividades, pero para estas familias que trabajan en el campo es un alivio. ¿Esta coincidencia es a propósito?
Sí, fue una decisión completamente intencional. En Colombia, por estar tan cerca de la línea del Ecuador, no vivimos estaciones como en otros países. En cambio, nuestro calendario está marcado por los periodos de lluvia y de sequía, y son esos cambios los que determinan el día a día de quienes trabajan el campo.
Con Semillas quería mostrar lo difícil que puede llegar a ser una sequía para las familias campesinas. Muchas veces ven amenazados o incluso perdidos sus cultivos por la falta de agua y por las consecuencias cada vez más evidentes del cambio climático. Mientras para muchas personas la lluvia puede significar un inconveniente, para un agricultor representa vida.
Pero la sequía también tiene un sentido simbólico dentro de la película. Representa el duelo y ese momento de estancamiento que viven Shaira y su abuelo tras la ausencia del hermano y nieto. Él era el puente que los unía, para Shaira era su mayor ídolo y para el abuelo su compañero, su mano derecha en el trabajo del campo. Cuando él ya no está, también desaparece ese vínculo que mantenía unida a la familia, y ambos deben aprender a encontrarse desde un lugar diferente.

Por eso, la lluvia no solo transforma el paisaje, sino también a los personajes. Simboliza el alivio después del dolor, el reencuentro entre abuelo y nieta y la posibilidad de volver a crecer. Al igual que la tierra necesita el agua para que crezcan sus cultivos, ellos necesitan atravesar ese periodo de sequía emocional para reconstruir su relación y descubrir una nueva manera de ser familia.
¿Qué pasó con Semillas? ¿Se perdió y regresó? ¿El abuelo lo vendió? ¿O murió y Shaira se lo imaginó al final?
Semillas está contada desde la mirada de Shaira. Desde el inicio quise que prevaleciera la historia que le cuenta su abuelo, que durante el verano el cielo atrapa a los animales y que solo regresan a la tierra con la lluvia. Ese mito fue el punto de partida para construir la narrativa de la película.
A partir de ahí, me interesaba que el espectador habitara el mundo tal y como lo vive Shaira, pero que también existiera mucha ambigüedad. Por eso hay situaciones que permanecen inconclusas o que nunca se explican del todo. No era un interés narrativo responder cada pregunta, sino permitir que algunos acontecimientos existieran desde la intuición. En el fondo sabemos que el abuelo atraviesa dificultades económicas y debe tomar decisiones importantes, pero preferí no desarrollar explícitamente esos hechos para que el espectador completara esos vacíos desde la mirada de Shaira y desde sus propias emociones.

En mi intención como directora, el final sugiere que el abuelo, después de ganar el contrapunteo, hace el esfuerzo de recuperar a Semillas para devolvérselo a su nieta. Es un gesto de amor y también la manera en que ambos comienzan a reconstruir su relación.
Sin embargo, lo más hermoso que me ha dejado el recorrido de Semillas por distintos festivales es descubrir que el público encuentra muchas otras interpretaciones. Hay quienes creen que Semillas nunca regresó, que fue vendido definitivamente o incluso que el reencuentro ocurre solo en la imaginación de Shaira. Todas esas lecturas me parecen válidas, porque significan que la película continúa viviendo en cada espectador. Creo que ese es uno de los mayores poderes del cine, una misma historia puede despertar emociones y significados distintos según la experiencia de quien la mira.
El contrapunteo y el coleo son fundamentales para la historia, pero ¿por qué sobrepusieron el relinchar de un caballo durante el contrapunteo de El Tachuelo?
Justamente esa ambigüedad se refleja en la escena del contrapunteo. No quería explicar si el abuelo ganaba o no, ni revelar por completo por qué lo estaba haciendo. El relinchar del caballo en ese momento representa la presencia constante del mito que él le contó a su nieta. De alguna manera, esa decisión de ir a recuperar a Semillas es la misma presencia de la lluvia, crear el espacio para que suceda el reencuentro con su nieta, para que Semillas regrese. El canto del abuelo se convierte en la lluvia que pone fin a la sequía.

¿Cómo fue la grabación? Me imagino que la gran mayoría fue con iluminación natural, pero grabar en la intemperie supone otros retos. ¿Cómo te sientes con el resultado?
Esta historia dependía mucho del clima y era fundamental que el espectador sintiera realmente la sequía. Durante varios años viajé al Meta, la región donde ocurre la historia, y casi siempre iba en enero, cuando es verano. Siempre encontré un paisaje muy seco y soleado. Sin embargo, cuando finalmente llegó el rodaje, nos llovió durante casi la mitad de los días de filmación.
Fue un reto enorme porque teníamos que tomar decisiones constantemente según el clima. Desde el primer día tuvimos que modificar el plan de rodaje y prácticamente lo hicimos a diario. Afortunadamente, la mayoría de nuestras locaciones estaban muy cerca unas de otras, lo que nos permitió adaptarnos. Si llovía, aprovechábamos para grabar las escenas en interiores, como las de la cocina o los cuartos, y en cuanto salía el sol, volvíamos inmediatamente a rodar los exteriores.
A partir de esas dificultades también surgieron decisiones creativas. Por ejemplo, decidimos llevar el cielo a blanco en la imagen, porque en realidad teníamos muchas nubes grises. Al final, eso también es el cine, encontrar diferentes maneras de construir una realidad. La colorización aportó esa sensación cálida que buscábamos y el maquillaje ayudó a transmitir el calor a través del sudor de los personajes. Todo estaba pensado para que el espectador sintiera el verano y la sequía.
Después de haber enfrentado tantos retos y de depender tanto del clima, me hace muy feliz ver el resultado. Creo que, a pesar de todas las dificultades, logramos transmitir el ambiente que imaginé desde que escribí Semillas.