Sugar Island: crecer en un mundo que ya está roto

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Sugar Island cuenta la historia de Makenya, una chica de 14 años que descubre que está embarazada justo cuando su familia está a punto de perder su casa. A partir de esta situación, la película nos mete de lleno en problemas como el racismo, el machismo, la pobreza y las consecuencias del colonialismo en República Dominicana.

Lo interesante es que la película no presenta el embarazo de Makenya simplemente como un problema personal. Poco a poco nos muestra cómo todo a su alrededor está hecho para complicarle todavía más la vida. Mientras la sociedad suele responsabilizar únicamente a las mujeres cuando quedan embarazadas, los hombres muchas veces quedan fuera de la discusión.

Además, conseguir un trabajo digno ya es difícil, pero para una mujer embarazada las oportunidades prácticamente desaparecen.

A esto se suma la discriminación que viven las personas de ascendencia haitiana. La película muestra cómo algo tan básico como tener documentos, conseguir trabajo o conservar una vivienda puede convertirse en una lucha constante.

Sugar Island deja claro que, aunque ciertas formas de explotación ya no existen oficialmente, todavía quedan sistemas que mantienen a muchas personas atrapadas en situaciones de pobreza y desigualdad.

Pero la película no todo es desesperanza. Uno de sus puntos más importantes es la comunidad. Cuando un sistema está hecho para que fracases, encontrar personas que estén dispuestas a apoyarte puede cambiarlo todo. La película demuestra que es mucho más difícil ignorar o aplastar a un grupo unido que a una persona sola.

Yelidá Díaz destaca bastante como Makenya. Su actuación es contenida, pero transmite muchísimo sin caer en exageraciones o melodrama innecesario. Esto hace que los momentos más fuertes tengan todavía más impacto.

Visualmente, Sugar Island también tiene mucho que decir. Al principio predominan colores intensos y juveniles que contrastan con los paisajes verdes de la isla. Conforme avanza la historia, los tonos se vuelven más apagados y terrosos.

Sin embargo, cuando la comunidad se reúne para celebrar, apoyarse o protestar, los colores vuelven a destacar, funcionando casi como una representación visual de su resistencia.

Es una película fuerte y necesaria. No busca darte respuestas fáciles, sino mostrarte un sistema injusto y hacerte pensar en las personas que tienen que sobrevivir dentro de él. Es una historia sobre crecer demasiado rápido, pero también sobre encontrar fuerza en los demás cuando parece que todo está en tu contra.

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