El Árbol Mágico: una adaptación encantadora que recupera la magia de Enid Blyton
Le tenía muchas ganas a la adaptación de The Magic Faraway Tree porque el libro de Enid Blyton me acompaña desde niño, pero confieso que me daba miedo que fuera otra película familiar perdida entre pantallas verdes sin alma. Qué grata sorpresa me llevé.
Se nota de inmediato cuando una cinta infantil está hecha con cariño y no solo para cumplir la cuota del estudio. Visualmente es preciosa. Tenía el temor de que todo se viera plástico y digital, pero logra un equilibrio muy bien cuidado entre locaciones reales y efectos visuales.

Ver a los niños descubrir el árbol y saltar entre reinos recupera esa sensación de hojear un libro ilustrado de pequeño: colores cálidos, texturas acogedoras y mundos llenos de imaginación.
El elenco es otro gran acierto. Andrew Garfield y Claire Foy, como Tim y Polly, tienen una química entrañable que hace totalmente creíble la dinámica familiar y el choque de dejar la ciudad para mudarse al campo. Nicola Coughlan, por su parte, se roba cada escena en la que aparece con puro carisma y un timing cómico impecable.

El ritmo es clave. Al estar en constante cambio —cada reino en la copa del árbol es diferente— la película nunca se estanca y se pasa volando. Es divertida, ágil y siempre tiene algo nuevo que mostrar.
Y lo mejor es cómo cierra. Deja un mensaje muy bonito sobre la importancia de desconectarse del celular y del estrés para estar realmente presente con la familia, pero sin caer en el discurso aleccionador o pesado.

Si buscan una película reconfortante, hecha con ganas y perfecta para salir de buen humor del cine, El árbol mágico es una apuesta segura.