FICUNAM 16: La peluca – La industria cinematográfica tan falsa y frívola como un peluquín
La peluca (2026), dirigida por Emiliano Rocha Minter —su segundo largometraje—, es una comedia irracional, despiadada y cínica de apenas 65 minutos. Esta producción mexicana, que forma parte de la sección “Ahora México” de la Selección Oficial del FICUNAM 16, cuenta con las actuaciones de Gabino Rodríguez, Luis Gerardo Méndez, Daniel Giménez Cacho, Silverio Palacios y María Evoli.
Silvestre (Gabino Rodríguez), un director de cine en crisis, le presenta a un millonario, Ricky (Luis Gerardo Méndez), el guion de un ambicioso proyecto sobre Benito Juárez. La situación se desborda cuando entran en juego una peluca y un ritual.

En el núcleo de toda esta algarabía cómica se perciben algunos mensajes interesantes en torno a la industria cinematográfica.
Por un lado, Silvestre representa a los cineastas cuya pretensión los lleva a imponer condiciones desmedidas para realizar su obra. Por otro lado, Ricky encarna el lado déspota de quienes financian o controlan las producciones y conciben el cine exclusivamente como mercancía. Su intervención puede ser tal que termina por transformar las propuestas originales de los cineastas.
La cinta termina convirtiéndose, entre muchas otras cosas, en una pretensión absurda que nace de esta comunión viciada: un director ostentoso y una industria codiciosa. Curiosamente, esta contradicción funciona bastante bien como comedia, pues la película termina riéndose de sí misma.

A través del surrealismo también emergen otros conflictos: los personales, como el que Silvestre mantiene con su expareja, y los sociales, como la excentricidad y los privilegios de los millonarios, retratados en ocasiones desde una sensibilidad que podría calificarse de whitexican.
Las actuaciones destacan por su exageración, siendo a veces caricaturescas, pero es eso mismo lo que la cinta busca transmitir. Gabino Rodríguez destaca especialmente cuando su personaje de Silvestre sufre una metamorfosis como consecuencia de la peluca y Luis Gerardo Méndez construye un personaje cuestionable, pero que al mismo tiempo es tan gracioso que no te puedes enojar con él.

La fotografía tiene una paleta de colores muy particular que me recuerda por momentos a «Asteroid City», de Wes Anderson. Sin embargo, el estilo visual no es uniforme, sino que cambia a lo largo de la película y llega a formar parte de la historia, siendo un recurso más para reflejar esas exigencias y esos gustos tan sofisticados que tienen los cineastas. Como dato adicional, la cinta tiene escenas de desnudo, algo que conviene tener en cuenta antes de verla.
La peluca se siente como un viaje alocado consecuencia de un brebaje de retiro espiritual. Un frenesí que dentro de su comedia soez esconde críticas sociales interesantes que giran en torno a los involucrados en el desarrollo del séptimo arte.
