Venus Eléctrica: Un romance entre pinceles y espiritismo
Del director Pierre Salvadori llega a los cines mexicanos “La Venus Eléctrica”, una película que viaja al pasado para presentar una historia muy divertida y romántica. La historia empieza con un circo itinerante en la ciudad de la luz, París.
Allí se encuentra un espectáculo único: por solo 30 céntimos promete hacer sentir el amor con un solo beso de Venus Eléctrica, una chica que, con sus manos conectadas a una corriente, besa a los intrépidos clientes y les transmite una sensación electrizante. Sin embargo, La Venus no es más que una ilusión.

Suzanne, quien está detrás del personaje circense, es una joven que sueña con salir de allí. Sin embargo, con una deuda a sus espaldas, su sueño parece demasiado lejano. Todo cambia una noche cuando Antoine llega y confunde a Suzanne con la espiritista. Creyéndola mística, le pide que contacte con Irene, su difunta mujer, a cambio de una suma de dinero. Al ver la oportunidad, Suzanne comienza a hacerse pasar por espiritista, mezclando su vida con la de Antoine y descubriendo quién fue Irene. Así, comienza a sumergirse en un embrollo que cambiará la vida de todos.
Con esta premisa, “La Venus Eléctrica” te atrapa de principio a fin. Es de esas historias que tienen detalles y personajes simplemente encantadores. Suzanne, la protagonista, es vital, astuta, pero también sensible, y la actuación de Anaïs Demoustier es maravillosa. Con su lenguaje corporal logra transmitir las emociones de la chica.

Con Antoine es diferente: el carácter de su personaje es mucho más arrebatado por los sentimientos de pérdida, algo que transmite el actor Pio Marmaï. Armand, quien es el amigo y vendedor de pinturas, interpretado por Gilles Lellouche, es un hombre negociador, pero que también se interesa por su amigo. Por último, y quien más brilla, es el personaje de Irene.
Irene es interpretada por Vimala Pons. Este es un personaje muy particular, ya que une todas las piezas de este enredo y su historia es clave para el desarrollo romántico: es la pieza faltante. La actuación de Vimala le queda como anillo al dedo; sin duda, es lo que le da brillo y vivacidad al filme.

Otra cosa importante que hay que resaltar es el acercamiento a la pintura y a los artistas. La forma en que los retrata es muy soñadora y un tanto poética. En el siglo pasado, específicamente en los años veinte, París era el centro donde se desarrollaba gran parte del arte. Allí acudían eminencias que hoy en día recordamos como clásicos; por tanto, el ambiente era bohemio, algo que retrata muy bien la película, especialmente en lo relacionado con el proceso creativo, el descubrimiento de nuevos artistas y la realización de las obras tras bambalinas.
También está ese ambiente de las cafeterías con vino y, por supuesto, esa afinidad por el misterio del espiritismo. Hay que recordar que en los años veinte hubo un resurgimiento de esta práctica que no se veía desde la época victoriana. Por ejemplo, de acuerdo con el British Newspaper Archive, desde 1919 hubo artículos que constataban esta creciente fiebre. En la película, los circos itinerantes no se quedan atrás y hay de todo un poco, como podrás observar en los detalles. Inclusive, la espiritista Claudia es una atracción bastante solicitada y Suzanne, aunque tiene un acto bastante atractivo, no se compara con Claudia en cuanto a popularidad.
Estos detalles y muchos más crean el ambiente perfecto para una historia de romance con misterio, comedia e incluso un poco de drama. Definitivamente, “La Venus Eléctrica” es una película que no te puedes perder.