RFF: El francés, En memoria del periodista Alexander Ginzburg

Andrei Smirnov dirige la que posiblemente sea la mejor propuesta del Festival de Cine Ruso en México al tocar el tema de los disidentes rusos en las décadas de los cincuentas y sesentas, pero también parte de los setentas. Al final de la película, con la imagen de KGB arrestando a un fotógrafo que, se presume representaba al periodista Alexander Ginzburg, por pasar de contrabando parte de su trabajo literario anti Unión Soviética donde denunciaba la violación de los derechos humanos dentro de la antigua U.R.S.S. Estos trabajos le costaron más de ocho años en trabajos forzados y más de cinco arrestos.

El francés” es la historia de un joven que quiere viajar a Rusia por dos cosas: estudiar un doctorado y encontrar a su padre que nunca conoció. En este viaje, que se vuelve más de autodescubrimiento y colaboración política, este francés conoce a la Unión Soviética desde las reacciones de su gente y comienza a empatizar con ellos, entendiendo sus razones, sus carencias y sufrimientos. También, paralelo a todos esto, conoce a una bailarina de ballet que lo enamora y con quien establece un vínculo tan fuerte que considera quedarse en el país porque ella no puede salir.

Con una fotografía en blanco y negro, Smirnov logra capturar una película de época entrañable con diálogos extensos que su textualmente nos da a conocer, a nosotros como espectadores y al personaje principal, parte de las luchas sociales que la Unión Soviética vivió en ese momento. La privación de la libertad de expresión y el espionaje masivo que la KGB realizaba a cualquiera que pudiera representar un peligro ideológico o político para el actual régimen.

Al mismo tiempo se desprenden varias subhistorias que el director sabe cerrar muy bien a pesar de que muchas veces es difícil para el espectador seguir el hilo dentro de la historia, sin embargo, como éstas están unidas casi desde el inicio al personaje principal, se les puede dar seguimiento en escenas subsecuentes. En este terreno de lo subtextual, el escritor desarrolla el homenaje a Alexander Ginzburg, sin revelar su identidad hasta el momento de la dedicatoria final en la película, lo que convierte a esta película en un obituario visual hermoso lleno de historia y de contextos que, de manera muy local, pero también muy general es entendido por el sentimiento que incluye y que también grita por ser escuchado.

La película recuerda mucho a varias cintas, las cuales les dejamos aquí de manera subsecuente para que puedan verlas y ver algunas similitud en estilos visuales que sin duda se nota que influyeron en Smirnov al mostrar como homenaje a otros realizadores que han jugado con las películas de época y el formato blanco y negro: Oh, boy de Jan Olé Gerster (2014), Roma de Alfonso Cuarón (2018), Guerra Fría de Pavel Pavlikovski (2018).

Estas referencias no sólo se acercan al formato visual de “El francés”, también, de manera muy contextual, nos esbozan las historias políticas y sociales de sus respectivos países que enmarcan perfectamente las condiciones en las que los personajes se están desarrollando. Esto enriquece demasiado la historia y le proporciona de una profundidad histórica que muy pocas películas lo hacen.

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