El Diablo Viste A La Moda 2: un regreso triunfal
Por Humberto Olmos
Después de 20 años llega por fin la secuela de The Devil Wears Prada, la icónica cinta que posicionó a Anne Hathaway, Emily Blunt y Meryl Streep cómo fashion icons además de sus inolvidables actuaciones, y sí, todo el elenco original regresa y acompañados de cameos a la altura del legado de ésta saga.
La historia comienza presentando a Andy (Anne Hathaway) 20 años después de su pasantía en Runway cómo una periodista con una trayectoria formidable y a punto de ganar un premio por sus investigaciones, cuando de pronto el periódico dónde trabaja hace un recorte de personal profundo, a lo que ella no se queda callada y aprovecha el speech para denunciar dicho problema.

Por otro lado vemos llegando a una alfombra roja a la icónica Miranda Priestly, quién acaba de ser estafada en un trato que la deja en una muy mala posición para el ojo público (ahora más crítico que nunca) y su inquebrantable reputación.
Así es cómo el dueño de la revista Runway contrata a Andy para restaurar la credibilidad y reputación de la revista cómo lo hizo con ése speech de los premios que se hizo viral. Así arranca éste viaje lleno de referencias a la primera película, a la moda, pasarelas en Italia, marcas lujosas, con un soundtrack hecho a la medida y además un tono de comedia que recuerda mucho a la primera parte.

Sin duda es una buena continuación de la original, sin embargo el guión por ratos parece predecible, y ojo, no es que no me haya gustado si no que peca de simpleza a la hora de la narrativa (a excepción de un toque por el final), pero no se arriesga a crear polémica ni conversación, si no que todo el tiempo viaja en un lugar seguro para crear una good feeling movie, por eso es muy recomendable si vas al cine a pasarla bien, reír y disfrutar.
Se sabe que no es el tipo de película que tiene que dar un mensaje filosófico o profundo, el problema es que si lo intenta, entrando en el terreno del periodismo actual, cómo se percibe y cómo está mutando, también lo hace con metáforas de espacios históricos convertidos en una transacción de dinero sin respeto al pasado, y al tocar esos temas se queda corta porque no profundiza y parece que solo se menciona por agenda, al igual que la inclusión y la ropa de segunda mano sólo por ser temas que el día de hoy están en boca de todos.

Pero menciono esto para enfatizar que si se siente el peso actual de vender nostalgia y no respetar el tono original, sin embargo creo que sí tiene ése impacto para quedarse en la memoria colectiva y la cultura popular cómo lo hizo la primera.
Lo que más me gustó fue que se enfocaron en la tridimensionalidad de Miranda y Emily, de quiénes solo teníamos una cara en la primera película, y ésta vez les dan motivaciones y profundidad con su forma de pensar y percibir el mundo, siendo Andy el puente para conectar a cada unos de los personajes incluido el leal Nigel (asistente de Miranda) quién también tiene un viaje especial en ésta secuela.
En conclusión la película logra el cometido de complacer al público original y posicionarse cómo una propuesta actual, además de refrescar su impacto en la cultura pop.