Mortal Kombat II: un auténtico Brutality cinematográfico
Por Jesús Montes de Oca
¿Qué se puede esperar de una secuela de Mortal Kombat? Dirigida por Simon McQuoid y con un elenco encabezado por Karl Urban, Ludi Lin y Jessica McNamee, la primera película pudo ser insatisfactoria para muchos: no hubo un torneo realmente, tampoco grandes peleas, y los efectos dejaban dudas.
Quizá lo único que realmente salvaba a la primera era Scorpion, un personaje muy querido por los fans. Eso fue lo que le dio luz a esta segunda parte. Entonces, ¿qué podía esperar? Personalmente, nada… y salí sorprendido.

La película es muy dinámica. Quita la paja innecesaria de la primera parte y entra directo a lo importante: los combates, ahora con un enfrentamiento mucho más claro contra Shao Kahn y con personajes como Johnny Cage tomando un rol más protagónico. Mortal Kombat II se centra en peleas distintas, muy cercanas a los personajes de los videojuegos. Tiene lo que un fan quiere: fatalities, enfrentamientos esperados, fan service, planos que recuerdan al juego, la música y los escenarios.
Algunos efectos dejan ver que quizá le falta un poco de cocción, pero eso no impide que sea muy entretenida. Tiene buen ritmo, alguna sorpresa y se disfruta de principio a fin.

Las peleas son dinámicas y claras. No solo recuerdan al videojuego, también evitan que te pierdas, algo que muchas películas de acción no logran por el exceso de cortes. Aquí no pasa. Incluso hay momentos donde la cámara se mantiene más fija para apreciar los movimientos, y eso se agradece.
Los personajes son carismáticos. Hay algunos chistes para aliviar la tensión; unos funcionan más que otros, pero no resultan invasivos ni rompen la experiencia.

Es una película muy disfrutable para ver con amigos o familia y pasar un buen rato… aunque no es para niños. Es violenta, gráfica y tiene momentos que sí sorprenden y te dejan boquiabierto.
Personalmente, me llevé una grata sorpresa. La recomiendo como entretenimiento, pero hay que ir con la mentalidad correcta: no esperes una gran historia ni algo muy emotivo. Y lo mejor es que la película tampoco pretende serlo. Sabe que es un espectáculo y usa la historia como excusa para llevarnos a más escenarios y peleas.

Siempre está pasando algo, es difícil aburrirse. Sobre todo por una pelea hacia la mitad (antes del clímax) que seguro va a encantar a los fans.