Dolly: el lado más perturbador del instinto maternal
Se estrena en cines mexicanos Dolly, filme estadounidense del director Rod Blackhurst. Esta película une dos de los terrores que no se exploran tan a menudo en el cine: las muñecas y la maternidad enfermiza.
El tema de las muñecas es uno de los elementos principales que evocan miedo. Se basa en un temor que, llevado al extremo, se convierte en pediofobia, es decir, la fobia a las muñecas, especialmente las de porcelana o antiguas, ya que se asemejan a la apariencia humana. Esto provoca el efecto de valle inquietante, además de la constante mirada fija, como si siempre estuvieran observando. Este recurso se explota muy bien desde el principio, construyendo el escenario perfecto para el segundo terror: la maternidad enfermiza.

Hay elementos que caracterizan este segundo tema y, en Dolly, ciertamente hacen un uso bastante acertado. Sin dar spoilers, la historia presenta las asociaciones de la maternidad, pero con un giro retorcido. De este modo, la propia imaginación del espectador contribuye a armar este escenario de pesadilla. El vestuario tiene mucho que ofrecer: hay un aspecto de infantilización en adultos que provoca, más que incomodidad, un efecto de repulsión, y en la película se explora a fondo.
Además, cuenta con un personaje que llama particularmente la atención. La asesina de este filme es una figura trastornada: no tiene diálogos ni utiliza gritos, pero su firma es una cabeza de muñeca que resulta profundamente perturbadora. Sin duda, tiene el potencial de convertirse en un ícono del género slasher. Por si fuera poco, es interpretada por Max the Impaler, celebridad de la NWA, quien hace gala de su fuerza y movimientos. The Impaler ofrece una interpretación basada en el lenguaje corporal que retrata lo inquietante del personaje.

En contrapeso está la protagonista, interpretada por Fabienne Therese, quien ya cuenta con diversas participaciones en películas de terror. En Dolly, encarna a una joven que, tras una caminata en el bosque con su novio, es secuestrada y obligada a asumir el papel de “hija” para poder sobrevivir a la terrible criatura que la ha capturado.
Aunque hay algunas lagunas en la historia y escenas que carecen de sentido común, en general es una película entretenida. Sus defectos narrativos se compensan con secuencias que dejan sin aliento, con un gore bastante explícito y momentos sugestivos que refuerzan la atmósfera. La trama se divide en capítulos, cada uno con su propio título, lo que aporta cohesión; de principio a fin, mantiene la atención con escenas inquietantes y violentas.

Dolly es una propuesta ideal para quienes disfrutan del terror incómodo, ese que mezcla lo visualmente perturbador con una sensación constante de ansiedad.Vale la pena verla por su atmósfera y sus escenas impactantes.