Rush: demostrando que las leyendas no viven del pasado 

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Después de más de dos décadas de ausencia en México, Rush volvió al Palacio de los Deportes con una misión complicada: demostrar que su regreso no dependía únicamente de la nostalgia. La respuesta llegó desde los primeros minutos del concierto. Geddy Lee y Alex Lifeson aparecieron sobre el escenario para confirmar que la esencia de una de las bandas más importantes en la historia del rock progresivo sigue intacta, incluso tras la pérdida de Neil Peart.

La gira Fifty Something Tour funciona como una celebración de más de cinco décadas de trayectoria, pero también como un homenaje permanente a Peart, cuya presencia se sintió durante toda la noche. La incorporación de la baterista Anika Nilles permitió que clásicos complejos y exigentes sonaran con la precisión que siempre caracterizó al grupo.

Lejos de apostar por una colección de éxitos fáciles, Rush construyó un recorrido ambicioso por distintas etapas de su carrera. La noche arrancó con una poderosa interpretación de “Xanadu”, seguida por temas como “Dreamline”, “Subdivisions” y “Headlong Flight”, canciones que mostraron la capacidad de la banda para conectar diferentes generaciones de seguidores en un mismo concierto.

Uno de los momentos más celebrados llegó con “The Spirit of Radio”, convertida en un enorme coro colectivo dentro del Palacio de los Deportes. Poco después aparecieron piezas fundamentales como “Tom Sawyer”, “Red Barchetta”, “YYZ” y “Limelight”, provocando algunas de las mayores ovaciones de la noche. Cada canción recordó por qué Rush logró convertirse en una referencia obligada para músicos y amantes del rock progresivo en todo el mundo.

La banda también apostó por composiciones menos evidentes para el público casual. Temas como “The Camera Eye”, “Witch Hunt”, “Vital Signs”, “Red Sector A” y “Time Stand Still” encontraron su espacio dentro de un repertorio que privilegió la profundidad de su catálogo antes que la comodidad de un setlist predecible.

La recta final fue sencillamente monumental. La interpretación de fragmentos de “2112” convirtió el recinto en una celebración para los seguidores más fieles, mientras que “Closer to the Heart” aportó uno de los momentos más emotivos de la velada. Como cierre, “Finding My Way” y “Working Man” recordaron los orígenes de la banda y desataron una última explosión de energía entre los asistentes.

Más allá de la ejecución musical, el concierto dejó una sensación clara: Rush sigue siendo una máquina perfectamente aceitada. A sus más de 70 años, Lee y Lifeson demostraron una entrega admirable y una capacidad técnica que continúa sorprendiendo. Incluso entre los comentarios de los asistentes predominó la idea de haber presenciado uno de los conciertos más memorables del año.

El regreso de Rush a México no fue un ejercicio de nostalgia ni una despedida disfrazada. Fue la confirmación de que algunas bandas trascienden generaciones porque sus canciones, su ejecución y su legado siguen teniendo la fuerza suficiente para emocionar como si el tiempo nunca hubiera pasado. Veinticuatro años después, la espera finalmente terminó, y la recompensa estuvo a la altura de la leyenda.

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