Amarga Navidad: Almodóvar y el duelo
Lo peor de una pérdida no es la pérdida en sí misma, sino el dolor y el vacío que vienen después; peor aún cuando nos negamos a transitarlo, postergando el llanto para no sentir todo el peso de la ausencia. En esta nueva cinta de Almodóvar, ese es el tema central: veremos a sus protagonistas lidiar con las consecuencias de abstenerse de sentir la pérdida.

La historia nos presenta dos relatos simultáneos: el de Raúl, director y guionista consagrado que lleva un tiempo sin hacer algo que realmente le llene, y el de Elsa, la protagonista del guion que Raúl está escribiendo y que, según él, le ha devuelto las ganas de volver al cine.
Ambas historias retratan las consecuencias de no saber cómo lidiar con el duelo, y cómo tratamos de enfocarnos en distintas cosas para simplemente no sentir ese dolor. Parte de la cinta se detiene en lo mezquinos que podemos llegar a ser con quienes nos aman, y en cómo ese amor, en otras circunstancias, se convierte en una cárcel para quienes no se conocen en soledad.

Es bien sabido que la música forma parte importante de las historias que Almodóvar nos cuenta. La manera en que los personajes a veces no encuentran palabras para expresarse y recurren a ella es simplemente brillante, pues nos ayuda a entender lo que el personaje siente —o debería sentir—, aunque en ocasiones pueda sentirse un poco fuera de lugar.

Hay, sin embargo, un pequeño pero emotivo homenaje a la intérprete mexicana Chavela Vargas, como se puede notar desde el propio título de la cinta: es el mismo que el de la canción de José Alfredo Jiménez, tema que Chavela también tuvo la oportunidad de interpretar.
La cinta es una invitación a darnos el lujo de sentir: de llorar y reír, todo en el momento correcto. Es un drama puro; quizá no te haga llorar a mares, pero sí te conmoverá, pues se siente sincera y es muy fácil identificarse con los personajes y sus decisiones. Siempre es bueno tener algo nuevo de Almodóvar, y esta película no es la excepción.